
Shanghai. AFP Bob Liu solo salió una vez de China -para ir a Hong Kong- y nunca ha puesto un pie en Sudamérica, pero eso no le impide que, con sus vistosas camisas y ropa de escena, sea una estrella de la salsa en Shanghai.
Al igual que un mayor número cada vez de habitantes de las grandes ciudades de China, donde el crecimiento económico permite el surgimiento de una clase media ávida de distracciones, Bob, que se define "un chino muy chino", se entregó hace siete años al encanto de los bailes latinos, ladingwu , como se los llama en chino.
Bob y su mujer, Shirley, consagran todo su tiempo, desde hace dos años, a esos ritmos, hasta el punto que han preparado un método original para enseñarlos en un salón prestado por un antiguo colegio, a la espera de contar, dentro de un año, con su propio local para responder a la creciente demanda.
En efecto, en Shanghai y también en Pekín, que cuenta desde hace poco con su festival anual de salsa, las danzas latinas ganan adeptos, como Weng Yifang, una joven shanghainesa que sigue un curso en una escuela de baile en el centro de la capital económica china.
"Unos amigos me hablaron de ella. Yo quería aprender un poco para luego poder bailar en los bares, porque son muy timida", explica. En la escuela, unos 20 profesores -extranjeros en su mayoría- enseñan bailes del mundo entero, ya sea capoeira, danza del vientre árabe, flamenco español o latin jazz .
"Aquí se hablan todas los idiomas y ese lado internacional gusta mucho", señala, divertida, Ursula Hemard, directora de mercadeo.
En los bares y discotecas, las parejas chinas demuestran su talento. Para los clientes que no dominan todos los movimientos, algunas discotecas, como Latinos , de Pekín, o Zapatas , de Shanghai, ofrecen la ayuda gratuita de "entrenadores" vestidos con ropa deportiva. "La salsa acabará por desarrollarse en Shanghai, sobre todo si se considera que en Japón, Corea del Sur, en otros países de Asia ya hay una veintena de clubes de salsa", vaticina la animdora Liza Lin, conocida como +DJ Lin+.