China advirtió ayer al Gobierno estadounidense que no reciba al activista chino Wei Jingsheng durante su exilio forzado en Estados Unidos, adonde llegó hace dos semanas tras pasar casi dieciocho años en las cárceles chinas.
Tang Guoqiang, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, declaró -en una rueda de prensa celebrada ayer en Pekín- que "el Gobierno chino rechaza que Wei se reúna con funcionarios estadounidenses".
Asimismo, "Pekín se opone a que Wei Jingsheng (a quien el portavoz calificó de delincuente) sea utilizado para llevar a cabo actividades antichinas", señaló Tang.
El activista, conocido como el padre del movimiento democrático moderno de China, fue liberado el pasado 16 de noviembre por motivos de salud y viajó a Estados Unidos ese mismo día para recibir tratamiento médico.
Nada más llegar a la ciudad estadounidense de Detroit, la Casablanca anunció que el presidente Bill Clinton tenía previsto entrevistarse con Wei después de que este se encontrara mejor de salud.
"Wei Jingsheng es un criminal que ha violado las leyes chinas", afirmó el portavoz al ser interrogado sobre la decisión de Wei de aceptar una propuesta de la Universidad neoyorquina de Columbia para que desarrolle su labor en defensa de los derechos humanos en China.
El rector de Columbia, Jonathan Cole, anunció hace una semana que el activista chino aceptó la invitación del Instituto de Relaciones Internacionales de ese prestigioso centro.
En Columbia se encuentra actualmente la antigua secretaria de Wei, Tong Yi, quien fue liberada de un campo chino de trabajos forzados y ahora realiza un doctorado en ciencias políticas.
La liberación de Wei, candidato durante los últimos años al premio Nobel de la Paz, siguió a la histórica visita que el presidente Jiang Zemin realizó a Estados Unidos a finales de octubre, la primera de un jefe de Estado chino en doce años.
Wei, considerado por las autoridades chinas como el "enemigo número uno" de Partido Comunista (PCCh), fue encarcelado en 1979 por sus llamamientos en favor de la democracia, y liberado en 1993, seis meses antes de cumplir su condena, como gesto político de Pekín para que la ciudad consiguiera los Juegos Olímpicos del año 2000.