SOBRE TODO, UNO SE imagina el paisaje: las llanuras interminables, las estepas, el caudal oceánico del Yang Tse, las aldeas rurales, los campos de arroz, los caminos. Lo desconocido siempre es más grande en la imaginación y, para los que nunca hemos estado en China, comer de su mesa es como penetrar en geografía.
Durante los sagrados e iniciales minutos de silencio Ðesos en los cuales el menú es la única carta del futuroÐ, nuestra obsesión es convertir la infinidad de platos, sugerencias y especialidades del restaurante Villa Bonita en auténticos paseos de provincia. Por eso, cuando entramos y vimos todo tan quieto y silencioso, optamos por sentarnos al frente de una modesta tarima en la cual descansaban tres figuras de aspecto imperial, tres hombres de porcelana que bien podían pasar por sacerdotes o guerreros. Ellos, pensamos, nos acompañarían en nuestra elección.
Sin embargo, por ningún lado hay rastros de la furia con que los cascos de los caballos de los tártaros golpeaban el suelo ni de las interminables cabalgatas de los mongoles sobre caballos desbocados, según los cuentos de Gógol. Por el contrario, el ambiente y el menú del Villa Bonita, en Pavas, se muestran dóciles y accesibles: un salón lleno de mesas y sillas de madera, lámparas pomposas, manteles de tela, peceras, adornos asiáticos y un joven amabilísimo llamado Gerardo, el mesero.
El menú es variado en la misma medida que la cultura china puede caber en territorio tico. Es decir, al verlo, suponemos que hay cierta limitación de productos, como aves, vegetales y peces, cuya naturaleza es irrepetible en la nuestra. Aunque no encontramos en él "pollo con flores de lirio" ni "carpa negra frita con racimos de uvas", sí nos alertaron las especialidades de Hong Kong, a base de pescado, calamares y mejillones frescos, así como las mil formas de preparar el pollo, los mariscos o un trozo de carne de cerdo, sin nombrar los arroces, los tallarines y las sopas.
Los nombres poéticos de los majares Ðfuera de orden en el Villa BonitaÐ parece que fueron suprimidos a cambio de que sólo quedara uno, el más expresivo, incluido en las recomendaciones del chef: Siete estrellas alrededor de la Luna, plato especial para dos personas (a ¢6.150), y a ustedes les toca averiguar de qué se trata.
Como ya dijimos, nuestra obsesión era remontarnos en los sinuosos caminos de la China profunda, así que a la extravagancia de la oferta le agregamos nuestra propia curiosidad. Nuestro lema: "Nada de lugares comunes: ni chop suey ni wantán". El pedido quedó así: sopa de buche y sopa agripicante, más pato frito con lichi en salsa agridulce y dos tipos de hongos con verduras en salsa.
Buen viaje
El pato es un animal que pide ser comido, más por su temperamento que por su fama, ya que en Costa Rica lo pasamos por alto con demasiada facilidad. El pato no parece sufrir de estrés, es simpático y hasta elegante; nada más hay que compararlo a una gallina para querer comérselo a él.
Los pensamientos divagaban con la espera hasta que fueron abruptamente interrumpidos por dos platos hondos: sopa de buche y sopa agripicante. La primera es una inédita combinación de buche de pez (imposible recordar su nombre, mas no su aspecto cartilaginoso) con tiritas de pollo y algo así como algas: deliciosa; la segunda, todo un excitante desafío al paladar con reminiscencias de ajonjolí, también deliciosa y rara y memorable. Ambas funcionarían, perfectamente, como plato principal.
Por suerte, el pato que nos trajeron después era ÐfueÐ un magnífico ejemplar de carne blanda y jugosa cuyo destino fue quedar empanizado y recostado en un frondoso colchón de frijoles nacidos, zanahorias y trozos de piña. Con todo y todo, venía sumergido en una salsa agridulce, ataviado con flores de lichi, que le daban cierto aroma silvestre. Claro, quizá haya que tomar en cuenta que el sabor de la carne de pato, tan delicado, puede diluirse en el fervor gustativo de una salsa agridulce.
Finalmente, merece un apartado especial Ðun artículo especialÐ el plato dos tipos de hongos con verduras en salsa, cuya presencia y preparación remueven cualquier emoción sepultada, especialmente entre los vegetarianos. Sobre el fondo del plato, un asiento de verdes y gruesas franjas de mostaza china, y, encima, un puchero de hongos grandes como sombrillas abiertas y otros pequeños y perfectos como dibujos a tinta.
No había forma de encontrar un ajo y, sin embargo, todo tenía su aroma. La salsa, liviana pero penetrante, era del color de los hongos, que brillaban sobre el plato como recién pulidos. Este manjar se llevó el premio de la noche, cuyo término llegó enfrascado en una interminable conversación sobre lo rico que es comer rico; y, si es chino, doblemente rico.
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Restaurante Villa Bonita.
¿Dónde? Pavas.
Especialidad: Comida china.
Horario: De lunes a viernes: de 11 a. m. a 3 p. m., y de 6 a 11 p. m. Sábados: de 11 a. m. a 4 p. m., y de 6 a 11 p. m. Domingos: de 11 a. m. a 10 p. m.
Teléfonos: 220-2477 y 232-9855.
Tarjetas: Todas.
Precios: Sopa de buche (¢1.168), sopa agripicante (¢1.168), pato frito con lichi en salsa agridulce (¢4.497) y dos tipos de hongos con verduras en salsa (¢3.198). Los precios incluyen impuestos.
Parqueo: Con capacidad para 60 autos.
Calificación: Muy bueno.