La radio fue la frecuencia a la que, por más de medio siglo, don Francisco Chico Montero Madrigal, sintonizó su vida. Encerrarse en una cabina y susurrarle historias al micrófono era el desvelo de este pionero del mundo radiofónico costarricense, quien falleció el pasado lunes 7 de setiembre.
La vida de comunicador de don Chico fue toda una historia y como un tributo a su legado, a continuación reseñamos brevemente algunos capítulos de su trayectoria.
Larga historia
Los primeros contactos de don Chico con la radio ocurrieron a los seis años de edad. En más de una ocasión Montero contó la historia a La Nación: su padre lo llevaba al costado norte del Liceo de Costa Rica a escuchar las transmisiones de emisoras extranjeras, mediante los equipos que instalaba don Fidel Tristán. En aquella época había que oír con audífonos él decía que nunca entendía nada, que "lo único que escuchaba era un ruidal de los diablos".
Pero la mayor influencia de don Chico la ejerció el programa infantil que don José Luis Cardona Cooper lanzaba al aire desde el edificio de La Alambra: El hombre de la luna, en aquellos tiempos.
En la casa de Montero no había un aparato para sintonizar ese espacio, por lo que a él y a varios amigos no les quedaba más remedio que disfrutarlo mediante una corneta que Cardona instaló en el segundo piso de un edificio aledaño.
Siempre dijo recordar cuando, alegremente, escuchaba la inolvidable canción del desaparecido José Gavilondo Soler, más conocido como Cri-Cri, : "Allá en la fuente había un chorrito, se hacía grandote, se hacía chiquito..."
Montero empezó a crecer. En 1936 hizo sus primeras armas en una cabina de radio, una oportunidad que le brindó don Mariano L. Coronado, dueño de radio Filco.
Tanto fue el entusiasmo que Chico comenzó a faltar a clases y cuando cursaba el tercer año en el Liceo de Costa Rica lo echaron por ausencias. Eso le permitió dedicarse tiempo completo al oficio de toda su vida. Dicha empresa funcionaba en la esquina este del antiguo estadio Mendoza, donde están ahora las instalaciones del MOPT.
Luego trabajó en radio El Mundo, de Rafael Hine Chavarría, en el Paseo de los Estudiantes; en Atenea, de donde Rogelio Sotela, y en el Alma Tica, de don Gonzalo Pinto, la cual era una planta con dos emisoras. En unas horas era radio X y en otras Alma Tica.
Aporte a la televisión
En medio de ese revoloteo a don Chico le tocó el turno de fundar su propia emisora, la cual compró junto con tres socios más, a un estadounidense que había traído equipo para difundir aquí las noticias sobre el avance de las tropas norteamericanas durante la II Guerra Mundial.
Una vez en sus manos, la estación funcionó en el quinto piso del hotel Costa Rica y se llamó Panamericana. En una ocasión sirvió para calmar los agitados ánimos de los ciudadanos mediante un mensaje del entonces presidente Dr. Rafael Angel Calderón Guardia.
El apasionado por el micrófono abandonó el país de 1948 a 1954 y radicó en Guatemala y México, países donde continuó amarrado a la radio e incursionó en la televisión y el cine.
Don Chico adquirió conocimientos que le fueron de gran utilidad cuando la pantalla chica llegó a Costa Rica y le tocó ser uno de los fundadores del primer telenoticiero nacional: La palabra de Costa Rica, que un mes después empezó a llamarse como hasta hoy, Telenoticias, de Canal 7.
Dicho logro, y el haber trabajado con el Lic. Rodrigo Fournier en el noticiero Hoy, de canal 6, en tiempos de don Mario Sotela, fueron su único paso por la televisión tica.
Además fue el creador de Cantares campesinos, espacio que retomó hace tres años al cumplirse 54 años de su transmisión. Chico dejó su legado para todos aquellos amantes de la frecuencia en la que estuvo sintonizado casi toda una vida.