Sueños de la provincia
En su casa de habitación, allá por La Sabana, María Reyes no tiene necesidad de abrir la puerta. Es martes, son las cinco de la tarde, y de un vistazo llegamos hasta su cocina, que está al fondo: el breve pasillo que atraviesa la casa y desemboca en la entrada está abierto de par en par, sólo resguardado por una rejilla con candado. En la cocina, por cierto, hay restos de una sandía madura, excavada recientemente con cuchara y voracidad.
Sin tiempo para nada, María saluda y sigue derecho. No lleva zapatos ni maquillaje. En el rincón de la diminuta salita, el árbol de Navidad permanece en pie. "Ahí lo dejo todo el año", dice, "para cuando me pongo nostálgica". María ubica la conversación en su cuarto, que es del tamaño de su cama, frente al televisor encendido. En Primer Impacto, alguien dice algo sobre las sandalias del Papa. Bajamos el volumen y nos acomodamos sobre la colcha café.
Todo lo que María es o sueña está a la vista: una mesita de noche, un espejo mediano, algunas fotos y afiches, muñecos, recuerdos de conciertos, pequeños pergaminos con mensajes amorosos, su piyama.
María Reyes es cantante desde que se acuerda, al menos de vocación. Nació en Río Claro de Golfito, hace casi 22 años, y es la menor de cinco hermanos.
Vive sola, en San José, desde hace tres años, y desde hace dos y medio es asalariada del grupo Taboga Band. Su puesto es el que siempre quiso: de cantante. María habla con todo el candor de una persona que no bebe ni fuma ni tiene carro, aunque hoy su voz anda raspada y ronca. "Mi cantante favorita es Amanda Miguel, por dura. En sus canciones muestra una personalidad muy fuerte", confiesa. Casualmente, María comparte algunas de esas cualidades, y más: también es una excelente costurera.
-¿Qué es para vos el profesionalismo?
-Es saber actuar y no dejar que la fama se te suba a la cabeza: no porque la gente lo llega a ver a uno, uno puede hacer con ella lo que le dé la gana; y trabajar, y aprender más cada día: nunca se sabe suficiente. También es tomar lo mejor de los mejores; buscar lo mejor para aprender.
-Describime tu vida de cantante.
-Es bastante agotadora. Son giras de un lado para otro y casi nunca estoy en la casa, y, cuando estoy, me la paso durmiendo o viendo tele. Cuando no estoy con el grupo llevo una vida muy tranquila, y cada vez que puedo voy a Golfito.
-¿Qué puertas te ha abierto el mundo de la farándula?
-Con Taboga tengo muchísimas ventajas: me reconocen en la calle, me hacen descuentos (risas). A uno lo tratan muy bien, le regalan muchas cosas, a veces me piden que me haga fotografías. He hecho muchos conocidos así, pero no con todos puedo cultivar la amistad.
-¿Tu mayor meta alcanzada?
-Estar en Taboga y haber podido grabar en República Dominicana. También poder tomar la decisión de irme de vacaciones al extranjero.
-¿Tu mayor sueño?
-Llegar a ser una solista reconocida internacionalmente. Quiero ser baladista de música pop.
-¿Cómo vinculás tu pasado, tu formación, tu infancia, con la vida presente?
-Yo siempre -además de ser cantante- quise vivir sola: ser dueña de mi propia vida. Yo quería ser responsable de mí misma, quería quitarle esa responsabilidad a cualquiera, incluidos mis propios padres. Todo eso lo ponía muy de la mano con mi carrera de artista porque ya sabía que eso era lo que me esperaba.
-¿De qué crees que dependerá tu éxito en esta etapa de tu vida?
-Del esfuerzo y del amor que le ponga. Si muestro mis ganas y mi interés de hacer las cosas bien, la gente lo sentirá de la misma manera. Si solo pienso que quiero ganar plata y ser millonaria, estaría centrada en otras cosas.
-¡Ah!, entonces, ¿no te interesa ganar mucho dinero?
-Claro, como a todo el mundo, pero, como no crecí con grandes lujos, no los necesito. Quiero ser feliz.
-¿Qué te permite el escenario que no te permite ningún otro lugar?
-Ahí puedo estar más en contacto con la gente porque la gente está pendiente de nosotras. Puedo ser yo misma, pero puedo tomar la decisión de mostrar quién soy o cómo quiero ser. Me gusta saber que a la gente le agrada cómo soy.
"Lerda, sí; conformista, no"
"En un pueblo siempre hay una que canta", y, en San Pablo de Turrubares, la que cantaba era ella. Por más lejanos que ahora parezcan esos tiempos y esos lugares, Adriana Loría se trajo desde allá una convicción absoluta: "Yo, la música la traigo dentro desde que me depositaron en el estómago de mi mamá".
Eso fue hace 24 años y parece tiempo suficiente para haber meditado la vocación, aunque Adriana no lo meditó sentada. Con más de un año de estar como cantante en Taboga Band, Adriana Loría siente que no se equivocó. Su experiencia como cantante comenzó a tiempo, cuando tenía 17 años, iba a la universidad y coreaba las canciones que cantaban otros. En la Cherry Band (aquella banda tropicalosa conformada sólo por mujeres), Adriana se sacó el clavo y comenzó su carrera. "Mi sueño siempre fue cantar. En cuanto empecé a hacerlo, también fue creciendo mi ambición. Veo a esas cantantes que tienen su propio imperio, y mi deseo sería ese. No es una ambición de poder: es como la ambición natural de quien quiere llegar al punto más alto en su profesión. Lerda sí soy, pero no conformista. No me gusta hacer las cosas rápido y a medias".
Adriana coge las llaves, se acomoda de medio lado el montón de rizos y abre el portón de su casa, en Paso Ancho, rumbo a la calle. El aire huele a lluvia. "Siempre paso los fines de semana sola", aclara y, antes de salir, le echa un último vistazo a la sala. "Discúlpeme el orden", señala, "pero es que mi mamá es fanática y, si no le tengo la casa como ella la deja...". ¿No te gusta ser ordenanda?, le preguntamos. "Sí, claro, cuando hay tiempo". Bueno, ella ya admitió que era un poco lerda.
La tarde está húmeda, pero aún hay ánimos para un café en el Hipermás. Poco a poco se van rezagando las otras obligaciones del día, como estudiar para los exámenes o dar clases en la escuela, "a cinco segundos y dos sextos; son más de 300 alumnos", porque, además de cantar, Adriana estudia inglés y trabaja como maestra. "Mis trabajos son parecidos", comenta, ya sentada en la cafetería. "Uno tiene la responsabilidad de captar la atención de ese público, y que queden contentos con uno, que uno cumpla a cabalidad con sus expectativas". De repente, las similitudes comienzan a multiplicarse. "Debe haber una barrera para que haya respeto, pero tiene que haber un pasito más para que también haya comunicación. Ambas profesiones son un arte: enseñar y comunicar. A una la ven como un modelo; por eso, cuando canto dejo todos mis problemas guardados en una caja y nunca los saco a relucir en una tarima. El público paga para ver sonrisas, alegría y espectáculo, pero, en la escuela, a veces uno sí expresa más sus emociones: tal vez hay más espacio para la intimidad", concluye.
Cuando nos disponemos a comer, Adriana se da cuenta de su combinación: batido de fresa con salchichas en salsa. Un gesto de "no importa" con amplias sonrisas borra cualquier análisis culinario. Mientras conversa, un puñito de cebollas se va acumulando en el borde del plato, muy lentamente. "La que más me ha impulsado, siempre, siempre, ha sido mi mamá. Ella era la primera en apoyarme, con toda mi familia atrás". Adriana no se toma a la ligera tanto entusiasmo familiar y, por el contrario, lo saca a relucir con insistencia; por algo es la mayor de su casa y de sus 24 primos. "Mi abuelito tenía más de 70 años cuando yo empecé a cantar. Al principio se oponía, pero luego fue el fan número uno; agarraba el carro y se iba solo a los conciertos. Así era mi Papi Coyo ("abuelito Socorro"). Cuando terminé de estudiar inglés en la universidad y empecé a trabajar, él me dijo: "Ahora sí, haga lo que quiera. Ya puede tener un hijo si quiere: ya tiene con qué defenderse".
La tarde se ha ido volando pero Adriana, acostumbrada a salir adelante, continúa una conversación pausada, donde se mezclan los asuntos de su música y su vida. De regreso a la casa, las únicas que se apuran son las confesiones. "Lo que más me seduce de mi profesión es esa magia entre el artista y el público..., quiero decir, cuando la gente lo ve a uno con esa incógnita en los ojos..."
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Conciertos de Taboga Band.
Agenda:
Viernes 28: Palenque de Ojo de Agua, San Antonio de Belén, a partir de las 9 p. m., ¢1.500, tel. 441-1309.
Sábado 29: Plaza de la Democracia, San José, 3 p. m. Entrada gratuita.
Salón comunal de Poasito de Alajuela, 8 p. m., ¢2.000. tel. 482-2142.
Domingo 30: Gimnasio de San Luis de Grecia, de 3 a 7 p. m., ¢1.000, tel. 494-4160.
Lunes 1: Salón Comunal de Katira de Guatuso, 8 p. m. ¢1.500. tel. 472-2733.
Teléfonos de Taboga Band: 441-2166, 383-9396 y 296-2626 (con Willie Flores).