Londres (dpa). El mítico y remozado Wembley abrirá mañana de nuevo sus puertas para acoger una final de la Copa inglesa con muchas cuentas pendientes: Chelsea y Manchester United cierran una temporada de continuos duelos y los "blues" quieren revancha tras ceder ante los "diablos rojos" en la liga.
El United lelga relajado a la final tras haber ganado la primera liga desde 2003 tras una fantástica temporada, mientras que el Chelsea, campeón de la Copa de la liga, quiere otra Copa que mitigue la decepción por dejar escapar los dos principales títulos, la liga y la Liga de Campeoens europea.
Hay una curiosa simetría entre el United y el Chelsea en la primera final que se disputa en el nuevo Wembley desde el año 2000, cuando también se vieron las caras ambos equipos. En aquella ocasión el Chelsea se llevó el título, pero el manager del United, Alex Ferguson, cree que los "diablos rojos" son los favoritos.
"Conociendo nuestro récord e historia en la Copa inglesa, vamos a ganarla", dijo. "No se puede esperar que lleguemos pensando en que ya tenemos la liga y que eso es suficiente. Eso no funciona de ninguna manera".
El United estará sin los lesionados Gary Neville ni Louis Saha, entre otros, mientras que el Chelsea no contará con Michael Ballack, Ricardo Carvalho ni Andrei Shevchenko.
"Creo que 14 ó 15 jugadores nos han traído hasta aquí todo marzo y abril", lamentó Ferguson las bajas por lesión. Sí estará disponible para el técnico escocés el extremo zurdo Ryan Giggs, que liderará al equipo en busca de su quinta Copa. "Ryan será el capitán y creo que eso completa una gran temporada para él".
"Los últimos 15 ó 16 años has estado recorriendo esa banda de arriba a abajo, ningún jugador ha hecho eso en la historia de la liga inglesa. Es fantástico".
El técnico portugués del Chelsea, José Mourinho, explicó que estar en una final de la Copa en Wembley supone para él cumplir un sueño de infancia. "No soy inglés, pero es una final especial porque se trata del nuevo Wembley y eso significa mucho. Para mí es recordar mi juventud, cuando era un joven aficionado enamorado del fútbol. Había pocos trofeos con los que soñaba ganar y la Copa inglesa es uno de esos".
El portugués espera una partido vibrante. "Estaré muy triste y decepcionado si la final no es un buen partido, limpio, sin problemas, con un buen ganador y un orgulloso derrotado".
"El Chelsea dio un buen ejemplo de cómo comportarse cuando perdimos la liga. Estaría decepcionado si algunos jugadores intentaran buscar la tarjeta roja de los contrarios".
Mourinho se refería así a su compatriota Cristiano Ronaldo, estrella del United, al que adivirtió de que "no se deje caer y no provoque. Ojala juegue limpio".
"Si ambos equipos pueden tener un espíritu ofensivo y positivo, podemos hacer del partido una verdadera final, una final como la que Wembley merece".
Pero no todos tienen una visión tan bucólica de la final, a la que asistirán 90.000 aficionados. "Tenemos que demostrar que podemos batir al Manchester", dijo con aires de revancha Claude Makelele, el pivote del Chelsea.
Ronaldo, de 22 años, por su parte quiere coronar su mejor temporada en el fútbol inglés que le ha valido premios de periodistas, sus compañeros de equipo, sus rivales y de los aficionados del Manchester.
En las casas de apuestas el United es ligeramente favorito por las bajas del Chelsea, que tiene en duda a Arjen Robben, Ashley Cole y John Obi Mikel, por lo que Mourinho ha sopesado incluso alinear de delantero al arquero suplente Henrique Hilario.
El estadio será inaugurado antes del pitido inicial por el príncipe Guillermo de Inglaterra tras año y medio de retrasos y problemas que se han extendido hasta el último día, ya que 17.000 asientos que habían perdido el color por la luz del sol tuvieron que ser cambiados.
Además, un fallo informático provocó que 6.000 entradas no fueran entregadas a tiempo.
Los aficionados además han amenazado con boicotear los puestos de bebidas y comida por los altos precios, ya que una hamburguesa mañana costará unas ocho libras (más de 16 dólares), a lo que se suma que sólo 25.000 billetes se pusieran a la venta, por lo que en el mercado negro ya se pagan 12.000 libras (más de 24.000 dólares).