Colomba Sancho no se inmutó por el frío ni la lluvia que acompañaron la noche del sábado. Enfundada en una armadura conformada por un par de abrigos, guantes y bufanda, llegó, con sus 94 años, al Estadio Ricardo Saprissa para dejarse entretener por Chayanne. Y lo logró.
“Lo vi desde pequeño, siempre me gustó en el grupo (Los Chicos) y cuando se quedó solo. Más que sus canciones, me encanta lo hábil que es en el baile, su cuerpo (...), su todo”, dijo Sancho, quien se sentó en el área VIP, junto a una hija y, si bien no gritó o bailó –como lo hizo la mayoría del público–, disfrutó de ver a su ídolo en un espectáculo de canto y baile, que encendió el estadio por hora y media.
Quienes se dieron cita en Tibás, recibieron una presentación en la que se alternó, por igual, la más esencial balada pop con agitadas canciones de inspiración latina.
Sin duda, Chayanne tiene parte de culpa de tal histeria femenina. Como si no hubiese sido suficiente empezar su recorrido musical –a las 9 p. m.– con sugestivas canciones como
La gente gritó, y mucho. Lo hizo cuando Chayanne preguntaba “seguimos”; si hacía un paso de baile; si una de sus dos bailarinas le rozaba el cuerpo; si lanzaba un beso; cuando se cambiaba de vestuario (lo cual sumo cinco ocasiones); si comenzaba a cantar una canción; cuando la terminaba; si se agachaba o, simplemente, cuando daba la espalda a los presentes. ¡Siempre gritaron!
No cabe duda, para las ticas Chayanne ha sido y será un espectáculo en sí mismo.
Si del
Lo nuevo es que con el pasar de los años y, disco tras disco, Chayanne suma nuevas piezas al repertorio, que incluyó en este espectáculo.
Así desfilaron
Transcurrió el tiempo y, a las 10 p. m., los acordes del piano dieron comienzo al éxito
Antes de decir adiós, y sin que se escuchara una sola pieza más del conocido zarpe, el fornido artista se lanzó al ruedo con su última faena:
Una vez que el estadio comenzó a ser abandonado, no faltó alguna seguidora que se quejara por no haber escuchado un tema más. Otras prefirieron dejarse enganchar por los vendedores informales que, incluso, ofrecieron algodones de azúcar “con sabor a Chayanne”.
Sin duda, una dulce opción para dejar el apetito por el artista satisfecho.