Con un metro noventa de estatura y alrededor de cincuenta kilos de peso, en el marco de la realización de recitales cada vez más caóticos y con discos casi lacerantes, el legendario músico argentino Charly García busca aferrarse, en unos pocos amigos, a una "tabla de náufrago" y escapar así del infierno tan temido de la droga.
Al menos eso es lo que describen algunas crónicas periodísticas aparecidas en medios locales estos días y una de ellas (editada por el semanario Noticias) cita concretamente -de boca de un allegado al músico- que "García se sostiene a base de cocaína y no duerme por cuatro o cinco días, y después se desmaya dos días seguidos. Está muy enfermo y uno lo ve tan frágil que no sabe cuánto más podrá soportar en este estado".
Sin embargo, allegados a García aseguraron que "Charly está realmente harto de que se ocupen de él como si fuera un show, porque en vez de comentar si su último disco Say no more es bueno o malo, se preocupan por averiguar si está más flaco que antes o no".
Y las mismas inobjetables fuentes enfatizaron que "García está cansado de que se metan en su vida privada, cuando él no hace eso con nadie y, menos, públicamente". Para finalizar con que el músico argentino "está casi terminando su trabajo con la reconocida folclorista Mercedes Sosa y tiene un montón de ideas que rondan por su cabeza".
García está totalmente alejado de su familia, porque tanto su madre como sus hermanos apoyan que se le encierre en un instituto de rehabilitación para drogradictos, cosa que el músico rechazó de plano siempre.
Por otra parte, algunas versiones de prensa aparecidas en diversos semanarios, hace meses atrás, aseguraron que algunos familiares cercanos buscarían declararlo "demente", con lo que obtendrían el control de la pequeña, pero sólida fortuna, que posee el artista, así como de los derechos de autor de sus composiciones.