30 enero, 2011
Cero Poses: Milo Junco, “¡La vida es una tómbola!” - 1
Cero Poses: Milo Junco, “¡La vida es una tómbola!” - 1

Milo no le rinde pleitesía a nadie y, como los reyes, solo le da cuentas a Dios; quisiera que sobre su tumba escribieran lo que decía Santa Teresa de Jesús: “vivo sin vivir en mi y tan alta vida espero que muero porque no muero.”

Algunos dicen que duerme en un sarcófago; si es así la corte del faraón la integran dos empleadas milenarias, Judith y Carmen, además de la oronda gata Sofía, única que retoza entre las sábanas de su amo.

Sin ser un excéntrico, tiene algunos hábitos extraños. Como si tuviera que rezar los maitines se levanta religiosamente a las 3:30 de la madrugada, da unas vueltas y regresa a su cama. Nunca ha usado zapatos, solo sandalias; tampoco ropa interior y duerme desnudo, para no sentirse atado a nada.

Disfruta de vivir solo porque así “converso con el hombre que siempre va conmigo” , aunque confiesa que le gusta la soledad pues es un mandón de tomo y lomo.

Junco es el nuevo Prometeo orgulloso de poseer lo mejor del hombre y de la mujer. Uno es un águila que vuela; la otra, un ruiseñor que canta. “Dios me hizo así y estoy agradecido con Él.”

Como el anticuario que termina siendo parte de su colección Milo vive en su propio santuario en San José; una casa solariega, de techos altos, paredes frías, oscura y un jardín interno, con árboles cansados.

Ha sido el dueño de su propio destino; no le debe nada a nadie, ni plata ni favores, por eso dice lo que piensa, pero piensa lo que dice. Su lengua es una espada que nunca se oxida y sienta cátedra en Canal 7, donde lo mismo comenta el Festival de la Luz, las procesiones de Semana Santa o el atuendo de los políticos en un traspaso de poderes y en ocasiones viste bailarines soñadores.

Vivió y estudió en Leningrado, París y Madrid, pero no extraña los goces de Europa. Nada como este cafetal. “¡Puñeta!, ese cielo claro, las montañas azules, el café humeante, las tortillas palmeadas, el campesino de corazón limpio.” El que se va de Costa Rica recuerda que comió chayotes y vuelve por las cáscaras.

Es vestuarista, maquillista, escenógrafo, director de óperas, historiador, coleccionista y otras “vainas” más, pero experto en una sola: vivir y dejar vivir.

--¿A qué se aferra?

--A nada. Todo pasa. La vida es una tómbola y la veo con diversión, así no me amargo ni se me hacen arrugas.

--¿Añora la juventud?

--Soy como Drácula, tengo mil años. La juventud es un defecto que se quita con el tiempo. Ni la vejez ni la muerte me asustan y quiero morir entre todas estas cosas, abrazado a ellas y después ¡que les vaya bien!

--¿Por qué le dicen Milo?

--Mi hermano mayor no podía pronunciar José María y decía “milia” y de ahí derivó “milo”. Era un hermanillo muy divertido; una vez enfermó y mis padres ofrecieron la promesa de sacarlo vestido de apóstol en Semana Santa, pero con enaguas; cuando se lo dijeron se curó y lo atribuyeron a un milagro; entonces me tocó a mí vestirme y pagar la promesa por él.

--¿Todavía trabaja?

--Laboré 37 años en Canal 6 y me pensioné hará unos siete. Nunca me enfermé, ni falté por nada. Era el jefe de maquillistas, pero al comienzo hice hasta notas para el telenoticiero.

--¿Paga lo que debe?

--Si quiero algo y tengo los recursos para comprarlo lo hago y si no, me olvido. Hay cosas que me compensan la ausencia de otras. Vivo con lo que tengo y le doy gracias a Dios por respirar; no me importan las cosas materiales.

--¿A quién quiso en su niñez?

-- Hasta hoy, tengo un amor entrañable por mis tías de Cartago. De mi niñez a mi tía Marta Otilia (Lilia): era una mujer extraordinaria, culta, dulce y fue mi segunda madre, las otras eran unas fieras, muy jodidas; amaban más a mi hermano y me despreciaban. Eso me ayudó a no sentir rencor por nadie; no hay nada en la vida que me taladre el alma, cinco minutos después lo olvido.

--¿Estudió o es empírico?

--En mi campo soy de los buenos pero no indispensable, hay mejores. Estudié en Leningrado, París, España, México, me gradué de historiador en la Universidad de Costa Rica. Leo mucho de diferentes temas y no soy un improvisado. Aquí la mayoría del gremio son empíricos y le hacen a todo.

--¿Le han “zafado el piso”?

-- Le cuento. Hace muchos años un amigo mío medió para que me concedieran una beca y fui a estudiar al Teatro Marinksy, en Leningrado. Ahí conocí un vestuarista que me invitó a ir a París, a trabajar en el Cabaret Lido, el más grande del mundo. Llegué con $25 y estuve un año; estudié en la Casa Lancome. Una noche un grupo de diplomáticos ticos llegó al cabaret y uno de ellos me preguntó cómo me iba y si tenía en orden mis documentos. Le conté que estaba de “tapado”. Mi paisano me denunció y al día siguiente llegó la policía de migración y me deportaron. ¡Qué le parece!

--¿Y qué hizo?

--Me fui a España y ahí estudié en la Casa Ninette. Un día pasaba por la Calle Isabel La Católica y escuché esta frase: “por quererte como te quiero me llaman la malquerida”, de una obra de Jacinto Benavente. Entré al lugar y me salió al paso un tipo oloroso a guaro. Ahí ensayaba la compañía de María Guerrero y todas las noches me daba una vuelta hasta que terminé siendo el apuntador.

--¿Tiene amigos o enemigos?

-- Los amigos me los da Dios y los enemigos el Diablo. Hay que aprender a visualizar a cada persona para medir la empatía. La verdad no tengo enemigos y si tuve los olvidé porque no valían la pena.

--¿Por qué vive solo?

-- Por dos razones: la casa es mía y me encanta la soledad. Es una oportunidad para estar conmigo mismo, tener tiempo para leer y ser mi mejor amigo. Me disgusta que la gente venga y me diga cómo acomodar las cosas. La casa está como la dejaron mis padres al morir, incluso la refrigeradora que le dieron a mamá cuando se casó, hará unos 70 años.

--¿Si no fuera Milo quién sería?

-- Sir Lawrence Olivier, el actor más grande que ha existido en el teatro clásico. Tengo 32 de sus películas y cada día las encuentro más interesantes. Me habría gustado ser Dios para erradicar la pobreza, el odio, las guerras, la hipocresía. Si hubiera nacido en el siglo XVIII me habría gustado ser Francisco de Goya.

--¿Cómo diseña los trajes?

-- Investigo, leo, indago. No creo en eso de inventar vestidos raros porque cada provincia tiene varios trajes que la caracterizan. Durante años hice los trajes de las jóvenes que iban a concursos internacionales de belleza y gané cinco premios en Ecuador, Puerto Rico, Chile y Japón. Un vestuarista debe conocer el contexto de la obra en la cual trabaja, su labor es la mitad del personaje.

--¿Qué éxito recuerda?

--Fui director de la Compañía Lírica Nacional y me encomendaron montar una obra para sacar a flote la institución. Siempre me ha gustado crear controversia, escandalizar; busqué un título atractivo y estrenamos La corte del faraón, una obra pícara e irreverente. ¡Qué alboroto!

--¿Le atrae la fama?

--No me interesa ser reconocido ni nada de eso; soy una persona común y corriente, un baboso más, un calzón de manta. Hago lo que puedo, cuándo puedo y cómo puedo. Ser famoso es cansado.

--¿Los ticos de antes eran mejores?

--Prefiero una versión intermedia entre lo bueno de ayer y lo de hoy. La gente de antes tenía más altura intelectual; los políticos eran un modelo. El tico de ahora es un maricón, un pusilánime, sin mística, un pachuco que nunca arriesga el cuero por nada. Estoy orgulloso de dos ancestros míos que murieron en la Batalla de Rivas, en 1856.

--¿Qué valor tienen las tradiciones?

-- Miguel de Unamuno decía que un país sin tradiciones es un edificio sin cimientos. Si Costa Rica pierde los turnos, las ferias, los rezos, las leyendas o las fiestas patronales se queda sin identidad

--¿Y su salud?

--Nunca hago ejercicios, pero camino mucho. Jamás me he enfermado y como de todo, menos carne y no bebo café. Me encantan las pastas, los dulces, queques, helados y gelatinas. No fumo ni tomo licor.

--¿Trasnocha?

-Qué va. A las siete de la noche me acuesto; me encanta estar tranquilo en la cama con Sofía (¡la gata!); soy activo durante el día porque me levanto muy temprano, antes del amanecer estoy listo y soy como un despertador para mis amigos.

--¿A qué le teme?

--A nada, a Dios le tengo amor y respeto. Todos los que han tenido la intención de dañarme les ha ido mal; ninguno tuvo tentáculos tan largos como para agarrarme, tengo una gran suerte.

--¿Es creyente?

--Soy católico y no podría vivir sin Dios. No soy beato ni santulón y rezo el rosario cuando estoy en apuros. Dios es amor y no me va juzgar mal; Él me hizo así y soy feliz, estoy contento y no le recrimino nada. No le temo y me tiene a su disposición cuando quiera llevarme. Creo en la vida eterna porque Dios nos hizo para un propósito muy grande. Le tiro besos a mi Padre en el cielo y gracias a su compañía todo me sale bien.

--¿Qué piensa del matrimonio gay?

--Nunca he negado lo que soy, pero tampoco he tenido problemas por eso. Ser gay es un acto egoísta, de adoración a sí mismo. No creo en el matrimonio gay porque los conozco y se dan vuelta al otro día; acaban peleados y me parece una tontería. Para qué casarse, si uno quiere le deja las cosas al otro y ya, para qué tanto pleito. Tampoco me parece adoptar hijos, se requiere mucha madurez para tenerlos y una conducta impecable.

--¿Qué le ha dado la vida?

-- Me dio el cariño de una persona que está en la cárcel y que no puedo ver todo el tiempo. Él me ayudó a sentir que era importante para alguien; cometió errores que le advertí debía evitar, pero mis palabras no le calaron. Dónde esté lo recuerdo siempre y al final de mi vida su nombre será lo último que diré y mis labios se pondrán dulces al pronunciarlo.

--¿Algo raro que atesora?

-- Tres incunables religiosos y colecciono libros antiguos. Tengo uno empastado con piel humana, es un estudio teológico sobre la obra de Santo Tomás de Aquino fechado en 1672. Estaba en un convento y lo llevé a la Universidad y me dijeron que era el pellejo de un indio.

--¿Cómo adquiere tantas antigüedades?

--Tengo 111 reliquias de mártires con sus respectivos documentos auténticos, incluyo un “lignum crucis” que es una parte de la “Vera Crux¨ en que murió Cristo. Poseo reliquias de San Sinforiano, San Ayudato, San Próspero, Santa Gerenciana. Algunas piezas las cambié y otras las heredé.

--¿Usa las redes sociales?

-- Odio la tecnología; carezco de Internet, celular y solo uso un teléfono corriente. No tengo computadora y cuando ocupo información voy a la Biblioteca y tomo apuntes que paso en una máquina de escribir de las de antes. A esos artilugios les falta calor humano, son fríos.

--¿Algún capricho pendiente?

--Una vez quise tener una mesa de mármol y no la pude comprar; era maravillosa, con láminas de oro y un cristal de roca encima con un grabado del Quijote. Era muy cara y trabajé mucho para ajustar el dinero, cuando lo tuve ya la habían vendido a una amiga.

--¿Cuál será su legado?

--Dejar un mundo de risas, carcajadas, chistes y comentarios; haber hecho mi trabajo con interés; dejar el amor hacia mucha gente aunque no me hayan querido igual. Como San Francisco haber aprendido a querer.

--Oiga' ¿Cuándo escribe su autobiografía?

-- Difícil. Sería prohibida para menores de ochenta años.