Nueva York. Estados Unidos ha declarado monumento nacional un cementerio en Manhattan que alberga los restos de esclavos africanos y negros libertos que contribuyeron a la prosperidad de Nueva York.
En lo que queda de ese camposanto, conocido como el African Burial Ground y considerado por los arqueólogos como el cementerio africano mas extenso y antiguo de Norteamérica, se levantará próximamente una estructura de granito en honor de los 20.000 negros que recibieron allí sepultura entre 1690 y 1790.
El campo funerario, que en sus inicios tenía una extensión de unas 2,8 hectáreas, con el paso de los años quedó oculto bajo edificios y calles. De él solo se conserva un solar de 1.400 metros cuadrados, en la esquina de las calles Duane y Elk, en el sur de Manhattan.
En la declaración de monumento nacional firmada esta semana, el presidente George W. Bush resaltó que las visitas y los programas que se realicen en el lugar permitirán entender mejor y honrar "la contribución cultural y vital" de generaciones de africanos y de americanos de raíces africanas.
La declaración de monumento nacional se encuadra en los esfuerzos por cerrar heridas que aún no han cicatrizado en la comunidad negra.
"Este cementerio nos enseña acerca de lo vergonzoso de la esclavitud", señaló Gale Norton, secretaria de Interior, al anunciar la inclusión del cementerio en la relación de 390 monumentos nacionales, entre los que figura la Estatua de la Libertad.
Con la creación del monumento, "reconocemos que, como nación, una vez fuimos ciegos y estuvimos separados por la vergüenza de la esclavitud", dijo Norton.
Los primeros esclavos africanos llegaron en 1625 a la entonces colonia holandesa de New Amsterdam, antecesora de Nueva York. Allí trabajaron de agricultores, en la construcción y en el comercio de pieles de la West India Company.
La importación y el comercio de esclavos se intensificaron en años posteriores, y en 1709, ya bajo dominación británica, se creó el primer mercado de esclavos en el área actual de Wall Street, a orillas del East River.
En esa época había unos 800 africanos en la ciudad, que representaban el 15 por ciento de la población total de la colonia.
Las personas no blancas no podían sepultar a sus muertos en terreno consagrado oficialmente, por lo que usaban como cementerio una desértica parcela alejada de la ciudad, que aparece en mapas de mediados del XVIII como "cementerio de negros".
Una parte de ese área fue descubierta en 1991, al iniciarse la construcción de un edificio federal.
Los planificadores sabían que en la zona se habían realizado enterramientos siglos atrás pero presuponían que era imposible hallar vestigios de aquello.
Sin embargo, a unos seis metros de profundidad, se descubrieron restos mortales y reliquias correspondientes a 419 cadáveres que, tras su análisis, en octubre de 2003 recibieron de nuevo sepultura.
Una fina capa de nieve cubría esta semana el manto de hierba sobre la fosa común donde fueron inhumados, mientras que algunos viandantes hacían un breve alto para leer textos e ilustraciones expuestas en la valla que la circundan.
Algunas imágenes muestran restos mortales, entre ellos los de una mujer con su bebe, y en los letreros se explica que más del 40 por ciento de las tumbas excavadas en ese lugar eran de jóvenes y niños, muchos de ellos fallecidos antes de cumplir un año de edad.
También se exhiben fotografías de visitas recientes de escolares afroamericanos al cementerio, con textos escritos por ellos.
"Querido antepasado: Lamento mucho todas las penas que tuviste que pasar, y te agradezco todo lo que hiciste por nosotros, los que hoy vivimos", escribió un niño.
