En algún momento de su vida -o con gran frecuencia- ¿ha sentido que se le hace un nudo en la garganta, se le nubla la mente y una mezcla de temor con rabia se apodera de usted ante la sola sospecha de que su pareja le está siendo infiel?
Si es así, seguramente conoce en carne propia lo que son los celos, esa gama de emociones que surgen ante situaciones interpretadas como amenazantes en una relación amorosa.
Mas los celos también florecen en otros ámbitos: entre los hermanos, los compañeros de trabajo o los amigos. No obstante, es un hecho que los más fuertes y corrosivos se dan entre los novios, esposos o amantes. La literatura, el cine, el teatro y la pintura se han encargado, infinidad de veces, de inmortalizar este tema. Y a las puertas del 14 de febrero, Día del amor y la amistad, Proa , también quizo abordarlo.
Si bien no existen estadísticas oficiales ni estudios científicos para determinar cuántos individuos en el mundo sufren a causa de los celos (por celosos o por celados), puede afirmarse que la cifra es astronómica, ya que, según los especialistas, estos se manifiestan en diferentes formas e intensidades en cada persona.
En una encuesta sobre violencia doméstica realizada en el 2004 por la socióloga Montserrat Sagot, los celos, como una forma de control por parte de los agresores, fueron una queja constante en un grupo de 908 mujeres.
Así, quienes sufrían algún tipo de violencia aseguraron -en porcentajes relevantes-, que sus compañeros se enojaban si ellas hablaban con otros hombres; siempre querían saber dónde se encontraban; les limitaban el contacto con sus propios familiares; las seguían a todo lado y las tachaban de infieles sin motivo alguno.
Pero que no se piense que los celosos son únicamente un asunto de hombres. Muchas historias de matrimonios destruidos o noviazgos truncados tienen como protagonista a una mujer celosa. Un estudio de la Universidad de Bielefeld, Alemania, constató que los celos están presentes entre ambos sexos, solo que los motivos y las manifestaciones suelen ser diferentes.
De acuerdo con esta investigación, las mujeres experimentan celos cuando constatan en su pareja un sentimiento amoroso incipiente hacia otras féminas, mientras que los hombres reaccionan de manera celosa cuando tienen o creen tener motivos para dudar de la fidelidad sexual de su compañera.
Los expertos de Bielefel concluyeron que esos sentimientos tienen que ver con un reparto de los papeles masculino y femenino que proceden de la prehistoria. "El éxito reproductivo de la mujer no sufría limitaciones por la infidelidad sexual del hombre mientras la mantuviera a ella y a sus hijos seguros y cuidados. Pero para él, era indispensable la fidelidad de su compañera para tener la certeza de que los niños sí eran suyos", afirmó el científico Achim Schützwohl, responsable del estudio.
Según Ángels Sanz, directora del Departamento de problemas sexuales y de pareja del Centro de Investigación y Terapia de Conducta de Madrid, las mujeres terriblemente celosas practican una agresividad basada unas veces en el desprecio o la ignorancia; otras, en el chantaje emocional hacia la pareja (por ejemplo, amenazarlo con suicidarse o llorar cada vez que habla con él de la situación).
Los hombres, en cambio, son más activos y suelen recurrir a la violencia física para manisfestar sus celos ( Ver nota: " Del amor a la tumba ).
Las raíces. ¿Por qué surgen los celos? es una pregunta que los estudiosos de la mente humana han querido esclarecer desde hace muchos años. Por ello, existen varias teorías.
La primera señala a los celos como una manifestación inherente a la naturaleza humana. Tanto es así que algunos científicos no terminan de sorprenderse por el comportamiento de los indígenas de las islas Marquesas, en la Polinesia Francesa.
Allí, a pesar de que los habitantes gozan de una gran libertad sexual (es permitida la poligamia), los hombres manifiestan sus celos cada vez que se embriagan; cuando el licor inhabilita su control voluntario.
Otros especialistas prefieren situar el origen de los celos en la infancia.
Por ejemplo, la Asociación de Lucha contra los Celos, en Tenerife, España, asegura en su página electrónica que este sentimiento podría surgir a partir de la relación de la madre con su hijo, especialmente si el menor siente miedo debido a situaciones agresión o abandono.
Quienes respaldan esta tesis afirman que toda la inseguridad sembrada en edades tempranas produce frutos en el subconsciente. Más adelante, el adulto los saca a flote con su pareja cuando se siente amenazado.
La tercera hipótesis sobre el origen de los celos encuentra eco en la socialización. Muchos psicólogos y trabajadores sociales aseguran que los celos son un mecanismo de reacción de hombres y mujeres cuando algo o alguien les impide desempeñar adecuadamente los roles que supuestamente les corresponden.
Ejemplos de lo anterior abundan. Sin embargo, lo que hacen las mujeres en Camboya por defender su papel ante los hombres, resulta muy ilustrativo.
Tanto las esposas como las concubinas, movidas por los celos, acostumbran lanzarse ácido nítrico en la cara, en medio de una batalla que en el último año cobró medio centenar de víctimas.
La última y cuarta teoría la defienden quienes sostienen a viva voz que los celos no son más que un disfraz para ocultar la baja autoestima y la inseguridad de un individuo. Para los celosos, es la angustia de "no dar la talla" lo que los motiva a dudar constantemente de la fidelidad y del amor de la pareja.
En realidad, en la cabeza de estas personas hay un profundo temor a la soledad, pues están convencidos de que no encontrarán a otra mujer u hombre igual al que tienen.
Historias anteriores de traición, podrían, de igual manera, avivar aún más los celos en una persona con baja autoestima.
¿Cuándo preocuparse? Hay un refrán popular que dice que "cuando el hombre es celoso, molesta, pero cuando no lo es, irrita". Entonces, ¿hasta qué punto se pueden justificar los celos?
Según el psicólogo costarricense, Erick Quesada, primero que nada, habría que hacer un análisis para determinar si los celos pueden catalogarse como normales o enfermizos.
A su juicio, son "normales", cuando existen situaciones objetivas que podrían indicar que la pareja está interesada en alguien más o está siendo cortejada por otra persona. Por ejemplo: que el compañero/a disminuya sus contactos físicos o sexuales, que él o ella prefiera pasar más tiempo con otros o que comience a llegar más tarde...
Si se trata de un nivel de desconfianza "sano", los celos podrían controlarse conversando abiertamente con la pareja.
En cambio, los celos alcanzan niveles enfermizos cuando -existiendo o no situaciones objetivas de sospecha-, la persona elabora en su mente escenas en las que su pareja le es infiel. Muchas veces, es tal la obsesión, que hasta llega a creer que todas esas suposiciones son reales, y sufre por ello.
En gran cantidad de casos, los celos se presentan como una especie de compulsión, es decir, el individuo no puede -aunque lo desee- dejar de pensar constantemente en lo que está haciendo su pareja y con quién. Esta persona experimenta entonces sensaciones diversas como: ira, miedo, tristeza, inseguridad, desánimo, desprecio, desconfianza, ansiedad y egoísmo. Todas juntas hacen que la mente de ese hombre o mujer se asemeje a una olla de presión, solo que sin escape.
"En estos casos, es común observar cómo los celosos pueden llegar a tomar acciones impredecibles como visitar a su pareja en su lugar de trabajo o de estudio para (supuestamente) sorprenderla in fraganti, hacer llamadas para controlarla y, en algunos casos, conversar con el supuesto amante para hacerle reclamos y amenazas, lo que da pie, por lo general, situaciones muy vergonzosas y difíciles de superar", explicó Quesada.
Todas estas crisis de celos causan secuelas dolorosas, no solo para el celoso, que siempre está ansioso y molesto, sino también para el celado, cuyo mundo se convierte en un calvario ( Ver nota: "Dolor en carne y hueso" ).
Al respecto, Mayrene Sánchez, especialista en violencia del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), indicó que muchas de las mujeres que viven con hombres controladores y agresores, son pacientes que acuden a citas frecuentes en las clínicas y hospitales. Por su entorno, casi siempre están deprimidas, se quejan de dolores de cabeza, lumbalgias y gastritis.
Buscando salidas. Aunque los especialistas sostienen que los celos no llegan a desaparecer por completo, sí existen estrategias para controlarlos y evitar que produzcan más daño. ( Ver recuadro: "Tips para mejorar" ).
Lo básico, según Quesada, es buscar orientación profesional si la persona llega a la conclusión de que no puede dominarse. Un especialista le allanará el camino para que comprenda su manera de actuar y le ayudará a elevar su autoestima.
"Otra de las áreas que una persona celosa debe trabajar mucho es la comunicación, ya que si aprende a expresar adecuadamente lo que siente y lo hace a tiempo, podría evitar que sus celos se acumulen y, un día de tantos, terminen en explosión", afirmó el psicólogo.
Para quienes conviven con celosos, Quesada recomienda intentar ser compresivos con el problema de la pareja, pero nunca llegar a la permisividad.
"Lo idóneo es ofrecer el apoyo del caso mientras la persona celosa busca ayuda y supera su problema, pero a la vez, poner límites y no tolerar este tipo de actitudes que, con el tiempo, llegan a dañar profundamente la relación, así como a cada uno de los miembros de la pareja", agregó.
Los especialistas también aconsejan a los celados que se conduzcan con mucha cautela, sobre todo en los casos en que los celos se han transformado en violencia y el agresor se niega a buscar ayuda.
"Cuando eso sucede, lo mejor es apartarse del camino para evitar un desenlace fatal", opinó Sánchez.
Y como medida más radical -pero de largo plazo-, para poner a los celos bajo control, los conocedores en la materia insisten en la necesidad de transformar el proceso de socialización entre hombres y mujeres. Solo así, los niños aprenderán que las relaciones de pareja deben estar basadas en los principios de libertad y respeto y jamás, en el deseo de poseer y controlar al otro.