Pablo Fonseca Q. pfonseca@nacion.com
La única diferencia con un safari es que no matan a su presa. Los cazainmigrantes se mueven en autos de doble tracción o cuadraciclos para sortear las arenas del desierto. Con binóculos y rifles vigilan casi permanentemente la frontera con México.
Quienes caen en sus manos son calificados como seres inferiores, "inmorales" y "delincuentes" según algunos de los miembros de estos grupos civiles que "ayudan" a la policía fronteriza de Estados Unidos.
Cuando los entregan, sienten la satisfacción del deber cumplido, el orgullo que solo produce la defensa de la Patria a costa de cualquier sacrificio.
"Si mi abuelo quiere venir ahora a Estados Unidos, yo lo echo pa'trás. Si no trae papeles, no va a llegar", sentencia con firmeza Raymon Herrera. Él es uno de los oradores estrella de Proyecto Minuteman.
Los minuteman conforman un grupo de unos 3.000 cazainmigrantes que demanda la expulsión de los indocumentados de Estados Unidos y el cierre total de la frontera, la cual, de paso, vigilan en parte de Arizona.
Inmorales. Herrera, como su apellido lo delata, tiene ascendencia latina. Tiene casi 60 años y es nieto de un mexicano que luchó al lado de Pancho Villa y que luego cruzó la frontera, "con papeles", según él mismo afirma, pues no ha dado el nombre de su antepasado para comprobarlo.
Para él, la lucha contra los inmigrantes se trata de algo personal. "Perdí mi familia, perdí mi trabajo, porque patrones blancos contrataron mano de obra barata, de indocumentados". Por eso los empleadores son "traidores", y los indocumentados, en especial los mexicanos, "inmorales".
Las afirmaciones de Herrera, un hombre menudo, moreno, con una gorra que tiene medallas como recuerdo de su paso por la guerra de Vietnam, son recibidas con gritos de aprobación por pequeños grupos de un par de centenares de personas, formados por hombres y mujeres blancos para quienes los mexicanos y su gobierno representan la delincuencia y la ilegalidad.
Así lo han gritado frente al Congreso de Estados Unidos en varias ocasiones, desde que se agruparon en abril del año anterior; y así lo expresan también en su página en Internet: www.minutemanproject.com
Los 'minuteman'. "México nunca nos ha ayudado", asegura Jim Gilchrist, líder del movimiento minuteman , quien también denuncia al gobierno del presidente George W. Bush por no hacer cumplir las leyes, al Senado por aprobar una reforma migratoria, a la prensa porque el "70% no son limpios" (o sea, tienen ascendencia extranjera o ellos mismos lo son) y a todos los comentaristas de diarios porque tienen "preconcepciones" de su organización.
Los miembros de este grupo son personas que se dicen preocupadas por la falta de legalidad, por el desplazamiento de que son víctimas ante la mano de obra inmigrante, por la falta de seguridad, porque los indocumentados no hablan inglés y porque su propio gobierno no les hace caso.
Medio millón de mexicanos y centroamericanos cruzan cada año de manera ilegal la frontera de 3.200 kilómetros entre México y Estados Unidos en busca de mejores condiciones de vida.
Vestidos de militares, con armas al cinto, cuchillos, radios de comunicación, binoculares, chalecos antibalas y cámaras de video, los minuteman se sientan a vigilar la frontera apostados en carpas con sillas.
Aunque no existen cifras oficiales, el grupo afirmó haber detenido el año pasado un promedio de 30 inmigrantes sin papeles cada día.
A pesar de esa afirmación, la Patrulla Fronteriza registró números mucho menores: 18 personas cazadas por los minuteman en una semana.
Del mismo modo, nadie se atreve a estimar cuál es el alcance real de los voluntarios, pues mientras los organizadores aseguran que cubren unos 35 kilómetros de los puntos más violados en la frontera de Arizona con México, los protectores de los derechos de los inmigrantes aseguran que no son más de seis.
Diversos grupos defensores de los derechos humanos han solicitado un mayor control de este tipo de voluntariado que pone como una de las razones para la vigilancia que "a su paso por las propiedades privadas los inmigrantes ensucian los ranchos y atentan contra la preservación del desierto de Arizona".
Existen otros grupos similares a los minuteman en diversos estados fronterizos de Estados Unidos, incluidos aquellos que limitan con Canadá.
Como si fuera poca la vigilancia, los minuteman comenzaron a construir una reja divisoria en la frontera. Nadie los autorizó, pero tampoco nadie los detiene.
Precio a su cabeza. La tensión en la zona está llegando a tal punto que los cazadores ahora también son los cazados en esta espiral de violencia.
Narcotraficantes mexicanos han ofrecido $10.000 (más de ¢5 millones) de recompensa por la cabeza de cada miembro del Proyecto Minuteman, según informó el diario mexicano Monitor .
La Fiscalía de ese país dijo que es la primera ocasión en que los carteles de la droga salen en defensa de los inmigrantes, al parecer porque están utilizando a bandas de centroamericanos como la Mara Salvatrucha para pasar droga.
En varias ocasiones, autoridades estadounidenses han alertado sobre el incremento de la violencia en la frontera y denunciaron la incapacidad de las fuerzas de seguridad mexicanas de hacer frente a los grupos de delincuencia organizada.
Una de las ideas más recientes para controlar la inmigración y bajar estos niveles de inseguridad salió de la mente del gobernador de Texas, Rick Perry.
Él propone invertir $5 millones para colocar cámaras web permanentemente conectadas a Internet en sitios claves de la frontera.
Los vigilantes de estas cámaras serán los mismos ciudadanos norteamericanos, quienes podrían revisar desde su casa que nadie ande por ahí en actitudes sospechosas o, si así sucede, reportarlo a la policía.
Es poco probable que los minuteman se queden tranquilos cuando se concrete esta opción. De seguro lo verán como canjear un viaje a una estepa africana a cambio de ver un documental de la National Geographic.