Una de las tesis centrales de la naciente sociología del siglo XIX fue la llamada teoría de la modernización. Esta presuponía que a partir del desarrollo económico y el surgimiento de las clases medias, los Estados serían cada vez menos religiosos. Diferentes vertientes ideológicas y metodológicas, desde el llamado positivismo de Augusto Comte, hasta Carlos Marx y Max Weber, respondieron al desafío de interpretar los retos de la modernidad tales como la industrialización, la urbanización y la secularización.
La sociología misma, en su origen, como reflexión eurocéntrica, describía un proceso de creciente racionalización. Era el mundo de la revolución industrial. Se caracterizaba por la confluencia de los elementos de avance científico, la secularización y el crecimiento de la clase media. Es por ello que se presumió que existía una correlación entre la secularización y el crecimiento de las clases medias.
Modernidad y religión. La tesis de la secularización sostenía que los factores modernizantes responsables del declive religioso eran la diferenciación social, el creciente pluralismo y el racionalismo, los cuales atentaban contra las “supersticiones”. Hoy se puede afirmar, con base en estudios empíricos, que dependiendo de la muestra de países que se seleccione, las conclusiones son radicalmente opuestas.
Por ejemplo, en un estudio de 1995, se encontró que los países más desarrollados eran menos religiosos (Alemania, Francia y Suecia) y los menos desarrollados exhibían mayores niveles de religiosidad (Irlanda, Italia y España). No obstante, otro conjunto de países altamente desarrollados, también muestran alta religiosidad: Austria, Canadá, Estados Unidos y Luxemburgo. Por lo tanto, la tesis de la modernización no pareciera tener validez fuera de un reducido grupo de países europeos, lo cual significa que los factores explicativos del fenómeno del descenso en los niveles de religiosidad en esos países en particular no parecieran ser los identificados por la teoría de la modernización. Interesante discusión histórica.
Fuera de Europa, los resultados son aún más impactantes en su desafío de la teoría de la modernización. El rápido desarrollo de países tan diversos como China e India, Turquía e Israel y el crecimiento de sus clases medias y burguesas, son, contrario a las tesis secularizantes, la fuente de apoyo de los partidos confesionales. Un dato sorprendente es que en China hay más cristianos que miembros del Partido Comunista. Incluso, la evidencia muestra que en este periodo, caracterizado por ser el cual el mayor número de personas está saliendo de la pobreza en la historia de la humanidad, el mundo en su totalidad se está haciendo más religioso.
Las cuatro grandes religiones del mundo continúan creciendo: el cristianismo, el islam, el hinduísmo y el budismo (aunque algunos budistas disputan que este constituya una religión). Se menciona que los creyentes se incrementaron del 67% a principios del siglo XX, al 73% a principios del XXI y podría alcanzar el 80% en el año 2050.
Mejor comunicación. Las nuevas realidades de globalización de la información y las comunicaciones han sido fértiles para las religiones, las cuales las usan eficientemente para conectar en la diversidad y transmitir sus mensajes. Incluso, frente a los cambios que acarrean la globalización y la modernización acelerada en cuanto a las identidades nacionales, los líderes religiosos, lejos de verse marginalizados, encuentran eco a sus visiones religiosas, quizás como nuevas fuentes de identidad.
Efectivamente, ni los logros científicos, ni el crecimiento económico han significado el automático destierro de las religiones, el opio de los pueblos para Marx o el infantilismo para Freud. Por el contrario, el mundo contemporáneo demuestra que el desarrollo social ha sido acompañado por una inclinación religiosa.
La verdad es que las innovaciones tecnológicas y el desarrollo económico han permitido que se mejore la calidad de vida. Pero no revelan sus secretos. A pesar de todas sus contribuciones al bienestar social, la ciencia y la tecnología no han logrado resolver las inquietudes existenciales más profundas.
Pareciera que, una vez resueltas las angustias más inmediatas de supervivencia, surgen aquellas interrogaciones, las cuales ni adormecen la conciencia ni la encierran en un infantilismo supersticioso, sino que elevan a la persona en toda su humanidad, al cuestionarse su razón de ser, el significado de la vida, los misterios de la muerte, el porqué del sufrimiento y los secretos de la felicidad.
Ciencia, filosofìa y religión en un nuevo equilibrio.