Víctima de la contaminación del río Volga y el mar Caspio, botín de pescadores furtivos descontrolados y joya de contrabando mafioso, el caviar se acaba a pasos agigantados.
El Comité Ruso para la Ecología acaba de plantear el riesgo inminente con tres cifras que ilustran la magnitud de la tragedia, tanto para conservacionistas como para "gourmets".
De las 25.000 toneladas de esturión capturadas en el Caspio en 1989 se bajó drásticamente a 3.400 toneladas en 1996 y a sólo 1.500 toneladas previstas para este año, según el Comité.
El esturión, en cuyo seno se crían las delicadas bolitas negras convertidas en manjar lujoso, es la última víctima del caos desatado en Rusia tras la desintegración de la Unión Soviética.
Rusia produce entre el 80 por ciento y el 90 por ciento del caviar que se consume en el mundo.
Para intentar evitar el exterminio del esturión, a partir del 1º de abril de 1998, su captura y comercialización estarán reguladas internacionalmente.
La ejecutiva de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción ha incluido recientemente al preciado pez en su lista suplementaria de animales protegidos.
Pero en este país donde las bandas mafiosas controlan la mitad de la actividad comercial y cuyo poder no ha encontrado freno alguno en estos años de capitalismo salvaje, del dicho al hecho hay mucho más trecho que en otros sitios.
Las estadísticas oficiales estiman que el año pasado el contrabando de caviar ascendió a unos $125 millones, aunque las pérdidas para el Estado derivadas del descenso de ventas triplicaron esa cantidad.
Al privatizarse la comercialización del esturión y el caviar, antes monopolizada por el Estado soviético, algunas empresas del sector fueron a la quiebra y miles de pescadores a la calle.
Tuvieron que buscarse un medio de vida, que normalmente consistió en seguir pescando, pero furtivamente, y vender su "producción" clandestina a las redes de contrabando.