Las versiones de por qué llaman Nauyaca a estas cataratas no coinciden entre sí: mientras que unos hablan de una trágica leyenda de amor en la que dos indios eran los protagonistas, él Nau y ella Yaca; otros dicen que es por que ese es el nombre con el que los mayas llamaban a una serpiente que abunda por la zona de Pérez Zeledón, donde está ubicada.
Otra, la más sencilla y posiblemente la más veraz -por que fue dicha entre dientes por los mismos hijos de Lulo, el dueño de la finca-es la que dice que Lulo era fanático de una radionovela que se transmitía hace muchísimos años y que se llamaba Nauyaca.
Pocos se han preocupado por cerciorarse sobre cuál fue la causa que le dio nombre, pero bastantes se han interesado en venir a conocer unos de los chorros de agua más populares de "Pérez", nuestro destino de hoy.
Para visitar las Cataratas de Nauyaca hay que llegar a Pérez Zeledón y tomar la ruta que va hacia playa Dominical. Veintiséis kilómetros después de San Isidro, o lo que es lo mismo: 10 kilómetros antes de Dominical, ahí está la oficina.
Como llegamos con la reservación confirmada nuestros caballos ya están estacionados a la orilla del camino esperándonos. Ardilla está listo: un caballote café maduro preprogramado para el recorrido por que una vez que sintió a su cliente en el lomo, tomó la ruta sin necesidad de mayores indicaciones.
Paso a pasito el grupo de bestias -los caballos- descienden por un camino de lastre rumbo al río Barú, donde nacen las cataratas.
En el camino, David, quien tiene la doble función de ser guía e hijo de Lulo, nos relata cómo fue que su padre pasó de ser cuidador de la finca a ser su propietario&...;mucho trabajo, fue la conclusión.
Chorros de agua
Durante el viaje, el itinerario lo marca la cadencia de los animales, los comentarios y sugerencias del guía y las paradas que hacemos para "apear" manzanas de agua, mangos, naranjas y guabas del montón de árboles que se asoman a las orillas del camino.
Cuarenta y cinco minutos y un par de ríos después, llegamos a la casa de don Lulo, una construcción muy rústica y acogedora junto a la cual se ha acondicionado un comedor bajo una especie de rancho y en donde los turistas toman el desayuno y, más tarde, el almuerzo.
A un lado están los establos y al otro, un minizoológico casero desde el que se roban la atención dos tucanes, dos lapas, y una decena de tepezcuintles.
Café, piña, banano, melón, manga, refresco, tortas de maíz y queso atiborran nuestro apetito. Mientras, David nos cuenta que fue aquí donde se criaron los "chiquillos" de Lulo y que las visitas que ellos hacían al río y a las cataratas para jugar, fueron las que los indujeron a crear esta empresa familiar. "Venían amigos y gente de la zona, hasta que se corrió la voz y más tarde empezó a llegar gente de largo y luego extranjeros", cuenta.
Reanudamos el viaje y, unos pocos minutos después, el sonido del agua cayendo se hace más fuerte, los caballos lo escuchan y aprietan el paso. Ingresamos a un bosque de árboles de teca que le presta a nuestro paseo imágenes de cuento de hadas.
Nueve caballos descansan aquí a la espera del grupo de estadounidenses que madrugó y disfrutó de las aguas primero que nosotros. Así que amarramos los nuestros junto a los suyos y descendemos por un camino hasta la margen del río. Los gringos, hombres y mujeres, vienen recién bañados y de vuelta, así que tenemos el paisaje todo para nosotros.
Así descubrimos las Nauyaca&...;la primera es una caída de unos veinte metros de altura y sobre esta, más arriba y al fondo -se ve mejor si uno se mete al río o se sube a las piedras- la otra catarata, cuarenta y cinco metros de agua en caída libre. Desde abajo el torrente de agua parece salir de las nubes.
Juntas son imponentes, tanto, que por la fuerza con que caen crean un estruendo que opaca cualquier conversación. Aunque con ese par de bellezas no dan ganas ni de hablar. Al pie de estas hay una poza de seis metros de profundidad que se ofrece a sus anchas a los turistas, nosotros se lo agradecemos pero el agua está demasiado fría, así que preferimos solo observarla.
Buscamos un lugar estratégico para hipnotizarnos con el espectáculo que se completa con una bandada de golondrinas jugando con el agua que no para de cantar.
De regreso, una pausa para el almuerzo y un aguacero que nos pasó por agua aunque andamos con capa. El cierre para un día perfecto lo dio una taza de café y un buen baño de agua caliente.
Cómo, dónde, cuándo
¿Qué? Cataratas Nauyaca.
¿Dónde? Pérez Zeledón en el Pacífico Sur.
¿Cómo llegar? Hay que llegar a Pérez Zeledón y tomar la ruta que va hacia playa Dominical. Veintiséis kilómetros después de San Isidro y 10 kilómetros antes de Dominical, ahí está la oficina.
Costo: $40 (¢15.720*) por persona (incluye: caballo, desayuno, almuerzo, guía)
¿Qué traer? Traje de baño, toalla, bloqueador solar, zapatos para caminar, cámara.
Teléfono: 787-0198.
(*) Precio calculado con el dólar a ¢393.