Edna Alcántara
México, 22 dic (EFE).- Los millones de ciudadanos de la capital mexicana han aprendido a vivir bajo riesgos: habitan en una área sísmica y cerca del Popocatépetl, uno de los volcanes más activos del mundo, pero varios miles se juegan la vida al tener sus casas sobre minas de arena que amenazan con tragárselos.
Casas humildes fueron construidas sobre estas minas de hasta 15 metros de profundidad en el poniente de Ciudad de México en una área de 55 kilómetros cuadrados.
Allí viven unas 40.000 personas, pero no todas habitan en casas en peligro de venirse abajo, aunque los especialistas temen que se produzca "un efecto dominó" y una edificación tumbé a otras.
La zona comenzó a ser habitada en la década de los 60 por personas que trabajaban en las minas de arena y a éstas se sumaron otras que llegaron del campo en busca de trabajo en unos de los picos de explosión demográfica en el Distrito Federal.
Por las condiciones que hay en el terreno, las casas sufren hundimientos y sus paredes están cuarteadas, algunas ya han sido derribadas y en otras intervienen arquitectos e ingenieros para mantenerlas en pie.
Pero los habitantes no quieren abandonar el lugar porque unos no creen que vaya a ocurrir una desgracia y otros saben que sí hay riesgos, pero prefieren "jugársela porque saben que es difícil obtener otra casa", dice Humberto Morgan, diputado en el Distrito Federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda).
Además, "hay gente que tiene condiciones de arraigo porque toda su vida la ha vivido ahí y es difícil que quiera abandonar sus hogares", agrega Morgan en un recorrido con periodistas por la zona de las minas en la Delegación (área administrativa) Alvaro Obregón.
En la zona que abarca a 30 barrios se han encontrado 21 minas con profundidades de hasta 15 metros y de extensiones que van de uno a diez metros, pero podrían existir mucho más cavidades.
En el barrio Las Golondrinas hay 30 casas habitadas que están en riesgo de hundimiento de diez centímetros por semana, afirma el ingeniero José Luis Zamora, responsable de supervisar el relleno de las cavidades por parte de la Delegación Alvaro Obregón.
Morgan pide a las autoridades un fondo de unos 40 millones de pesos (cerca de 4 millones de dólares) para realizar un atlas de riesgo, crear un centro de monitoreo y atender los hundimientos sólo en el barrio Las Golondrinas.
Zamora, quien también participó en el recorrido con periodistas, advierte de una catástrofe urbana en la zona, ya que hay un brazo de una mina sobre la que fue construida la concurrida calle San José Capula por la que diariamente circulan unas 30.000 personas.
El especialista dice que se necesitan unos 10 millones de dólares para resolver a medio y largo plazo el problema de las minas.
"Están en juego decenas de miles de personas que pudieran sufrir algún daño si es que en algún momento llegara a colapsarse" la mina de San José Capula, agrega Zamora.
"En estos últimos días vivimos con miedo, pues a raíz de una fuga de agua nuestra casa presenta grietas profundas; aunque las autoridades nos dicen que lo mejor es salir de la casa, pedimos a Dios que nos ayude para no salir de aquí", dijo a Efe Elena Hernández, vecina del lugar.
Explicó que hace 30 años llegó a este lugar junto con su marido, y poco a poco fue creciendo su vivienda, pues sus cinco hijos ya casados han construido otros cuartos hacia arriba para vivir con sus familias.
María Mercedes, otra habitante afectada, cuenta que su casa fue derribada esta semana "para rellenar un cavidad de más de ocho metros de profundidad".
La mujer, de unos 50 años, vivía en esa casa con otros 17 familiares.
"Esperamos que una vez que terminen de rellenar el agujero, regresemos a construir de nueva cuenta", agregó Mercedes, quien por ahora vive en un albergue que administran las autoridades locales. EFE.
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(con fotografía)