El lector comenta:
Mi carta se refiere al uso del diminutivo al hablar con personas mayores. Si voy a hacer un trámite se me dice: "Haga esa filita o siéntese en aquella sillita", casi siempre sin ánimo de ofender y con entonación cariñosa, como se hace con los niños. Pero las frases llevan un tinte de conmiseración no justificada o discriminación, como he observado con el trato a personas discapacitadas. René González.
María responde:
¡Me encanta su comentario! Dicen que "más sabe el diablo por viejo que por sabio" y lo que es una lástima es que los occidentales lo apliquemos tan poco a nuestros mayores&...;
Los identificamos más por la vulnerabilidad de sus cuerpos, que por la sabiduría acumulada gracias a la experiencia. Se piensa que, de ancianos, volvemos a la infancia y, como no somos capaces de pensar por nosotros mismos, necesitamos que nos conduzcan y protejan. De ahí la orden velada:"'Haga fila, siéntese&...;" que se disimula con la "sillita".
El diminutivo "disminuye", "empequeñece" y, velada o directamente, siempre compara con lo más grande o lo mejor.
Por eso, a menudo puede ser utilizado de manera irónica, burlona, despectiva o con un tono que, más que afecto, significa considerar al otro menos apto que el que habla o escribe -recordemos algunos versos para la niñez-.
El "mamita" lo usan más hombres; al "cieguito" lo describen los videntes; al "negrito", los que se consideran blancos; al "niquita", los ticos&...; En la niñez y la vejez, como mujeres o personas con discapacidad, nacionales o extranjeros tenemos derecho al respeto y, por supuesto, a que nos traten con mucho cariño. Y de ahora en adelante estimados lectores y lectoras -jamás "lectorcitos"- cuidemos los diminutivos.
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