El lector comenta:
Fue muy grato para nosotros conocerla en el Atlántico el fin de semana pasado, pero nos dejó pensando su gusto por tomarle fotos a los zopilotes, ese feo carroñero que, como dicen, es tan malo que hasta la carne tiene dura. Los turrialbeños.
María responde:
El 9 de setiembre, las universidades públicas vamos para Turrialba a compartir actividades con la comunidad y espero tener la oportunidad de verlos allá. En cuanto a los zopilotes, la verdad es que me encantan, incluso escribí el cuento Julián y el fantasma de Zopiblanco, donde reclaman su derecho a que los vean diferentes. Nuestras culturas indígenas respetan e identifican al "zoncho", como uno de los animales que acompaña a Sibú en la creación de la tierra. Además, el dios mismo se convierte en zopilote y le enseña al pueblo a danzar con su movimiento acompasado y el ritmo majestuoso de sus alas tejidas con las manos del viento. Mucha gente probablemente las desprecia por ser aves que comen carroña y revolotean señalando, trágicas, el lugar de la muerte. Negros con una capucha que recuerda la de los caballeros medievales, de caminar elegante y sentido gregario, estos enormes pájaros deleitan con su ágil vuelo de extraordinaria belleza. Gallinazos, tiñosas, turos, chulos, zóngoros, ñéngueres, chombos, zamuros o carauchos, esas aves de rapiña, que comparten los desperdicios y los restos de los cadáveres, nos salvan de malos olores, nos quitan de la vista lo desagradable y, sobre todo, nos ayudan a limpiar y a evitar las epidemias. Una de las preocupaciones en la emergencia del Sixaola fue la cantidad insuficiente de "gallinazos", para cumplir con su tarea. Ciertamente el "zoncho" tiene carne dura y emite sonidos extraños, pero es un ave pacífica y curiosa, que no ataca ni hace daño. Los invito a la Expo interuniversitaria, a enamorarse de los zopilotes y disfrutar de su danza ancestral.
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