Ayer una hermosa y seductora mujer, el amor, los celos, el dolor, la muerte y la música se apoderaron del Teatro Nacional con la llegada de Carmen . No fue cualquier Carmen, sino la ópera de Georges Bizet que se estrenó con un ambicioso montaje donde se involucran 11 cantantes, dos coros, un grupo de baile y a la Orquesta Sinfónica Nacional.
A partir de las 5 p. m., el teatro lució repleto de público de todas las edades, sobre todo costarricense aunque hubo una buena porción de extranjeros.
A la orden de la batuta del director Giancarlo Guerrero comenzó la ópera, ambientada en Sevilla y sus alrededores en 1820.
Carmen cuenta en cuatro actos la historia de una seductora cigarrera que enamora y destruye al soldado don José, quien hasta va a la cárcel por culpa de ella y deserta del ejército.
La historia es condimentada con celos, baile, el destino anunciado por las cartas del tarot, las peleas y un enfrentamiento mortal.
La Carmen costarricense es una producción de la Compañía Lírica Nacional, la fundación Ars Música y el Teatro Nacional con la participación del Coro Sinfónico Nacional, el Coro de Niños del Instituto Nacional de Música, la Orquesta Sinfónica Nacional y el grupo de baile de Flamencos de Costa Rica.
Parte por parte
El primer acto fue recibido tibiamente por el público, el cual comentó en el intermedio su incomodidad con el vestuario y la disposición escénica. No obstante, también alabó la intervención del Coro de Niños del Instituto Nacional de Músicos.
Posteriormente, el público premió las intervenciones de los cantantes Scott Piper (don José) y Guido LeBrón (Escamillo) con fuerte batir de palmas. Y es que en este acto, Escamillo hace su llegada a una taberna en medio del júbilo popular y don José le canta su atribulado amor a Carmen en una violenta declaración.
Tras otro intermedio, el público llegó a un tercer acto donde el tarot tira la suerte y lo único que sale es muerte, muerte y más muerte. La enfermedad de la madre de don José y sus propios celos lo alejan de su amada.
Al final, una resplandeciente Carmen se luce con el popular Escamillo y el desenlace es el único presagiado.
Más para ellos
Los aplausos no se hicieron esperar, incluso hubo gente de pie. Lo curioso fue y esto ya se anunciaba desde antes que los cantantes que recibieron una ovación mayor fueron Piper y LeBrón, incluso sobre Apéstegui, quien interpretó a Carmen.
Guido Sáenz, ministro de Cultura, estaba contentísimo con la ópera. "Estoy feliz. Es una gran producción", dijo este amante de la música y las bellas artes.
Para José Guillermo Jiménez, de 50 años, la ópera estuvo bien montada y organizada. "Se nota la emotividad y disciplina que hubo detrás de Carmen ", agregó.
Y esto coincidió con los comentarios que expresó el público en los intermedios. Sin embargo, también se notó cierta cautela en los comentarios de muchos, a quienes el primer y último actos no los deslumbraron tanto como se suponía.
Aún así a la Carmen costarricense le faltan cinco funciones para que siga creciendo como espectáculo y para que el resto del público amante de esta ópera se forme su criterio.