Como sacado de una comedia de Moliére, o una novela picaresca española, este “príncipe de los pachucos” fue paseado en hombros en la Plaza de Toros de Zapote y coronado rey del humor, señor de los señores del vacilón desde donde nace el sol hasta el ocaso.
De pronto irrumpe en la pantalla un ángel, un diablo, un tigre, un perro dálmata o un torero y aunque se vista de seda' esos cachetes son inconfundibles, aquí y en Júpiter, con ustedes ¡Carlitos Ramos: el Porcionzón!. Todo aquel que lo ve muere de risa, tiene una gracia artística asombrosa y es la única receta contra la tristeza.
Carlitos la “pulsió” 25 años para ser elevado a los altares de la risa, desde aquella noche en el viejo cine Rex cuando debutó en “La Dulce Vida”, terminó en tercer lugar y se ganó una lancha, que de poco le podía servir en Cristo Rey y por eso la vendió en ¢150 mil, plata que le duró “menos que un tostel a la salida del kínder”.
Muchos años después recordaría que los organizadores le negaron el primer lugar porque “era un chusmoso que no convenía que ganara”.
Y la leyenda cobró vida. Llegaron los contratos, las presentaciones y la popularidad, que convirtieron aquel chiquillo cachetón que vendía bolsas de papas en el “tablao” en la estrella del redondel: todo un bálsamo de alegría, eso sí, fiel a su estilo desenfadado, chotero, hablantín y sicalíptico.
Carlos Ramos puso bajo los focos al “pachucazo”, ese habitante de la ciudad “cortés, piropeador, buenazo, agradable, pícaro sin ser grosero y que no es un ladrón de bolsos ni un drogadicto”.
De su madre, Ana Vargas, heredó el aspecto y el buen talante; y de su padre, Julio Ramos “el Turquito Fara”, ex boxeador peso “zancudo”, aprendió la fortaleza para enfrentar y esquivar los puñetazos de una niñez ingrata y más golpeada que “rodilla de zapatero”.
Atrás quedaron esos días. Ahora, Carlitos es un “pobre millonario” que vela por sus seis hijos; a uno le dio para un “tallercito de mecánica”, a otra le construyó un apartamento, los demás estudian y le ayudan en sus presentaciones.
En su mundo raro la geometría tiene otras leyes y las vidas paralelas de Carlos Ramos y
Todavía hay “pagliacci” para rato; cuando las luces se apaguen y el telón caiga en la comedia de su vida, su recuerdo se volverá leyenda del humor criollo.
--¿Antes de ser “Porcionzón” quién era Carlos Ramos?
--Un “chavalo” que le entraba a todas. Era el mayor de 16 hermanos y dejé el Liceo Costa Rica en el tercer año porque tuve que salir a “bretear” para ayudar a mis “tatas” y conseguir la “jama” por otro lado. Hasta los ocho años anduve descalzo, comí lo que Dios me reparaba, jalé bolsas en el mercado, cuidé carros, vendí papas tostadas en las graderías, fui fotógrafo callejero, tuve una cantina, vendí lotería y cambié dólares, hice de todo para sobrevivir en la jungla de cemento. Nunca robé, ni recibí herencias, siempre he sido una persona honrada y lo que tengo ahora me lo gané a pulso.
--¿Cuándo se hizo comediante?
--El día que Carlos Ramos descubrió a
--¿Suerte de principiante?
--Talvez, porque nunca me había subido a un escenario, solo cuando salí de sexto. Dios me dio el don de entretener, soy empírico, nunca estudié actuación ni locución y a la gente le gusto así, natural, sin vainas, me interpreto a mí mismo.
--¿Dicen que usted está solo en el humorismo?
-- Para nada, todos mis colegas son buenos; el día que diga que soy el mejor dejaría de serlo; soy una pieza más en el engranaje de la idiosincrasia nacional, un tico legítimo, de pura cepa, nací en el San Juan de Dios, un sábado al mediodía, para mayores señas.
--¿Y ‘Porcionzón’ cuándo nació?
-- Con los años. Después del concurso nos contrataron para
--¿Porcionzón es un pachuco?
-- Más que eso, es un pachucazo, pero no fuma, ni toma, su único vicio son las
¿Hablo con Carlitos o con ‘Porcionzón’?
--Es que somos la misma yunta, adentro o afuera. Nunca cambio mi manera de ser y lo mismo disfruta uno en el escenario que el otro en la calle besando a una roquemis o contándole un chiste a un cachetoncito.
--¿Es muy religioso?
--Creo en Dios, pero no soy fanático. He sido bendecido con trabajo y el don de hacer reír, que es una labor muy difícil, porque hacer sufrir sí es fácil.
--¿Y esa cara de chiste?
Se la debo a mi madre, es marca registrada. La gente me ve y suelta la risa. Un comediante español , Felipe Carbonel , me dijo que yo era un chiste andante y cuando hablo en serio nadie me cree.
--¿Cómo describe la filosofía cachetona?
-- Es la de transformar la vida cotidiana en algo jocoso; ver el lado chistoso en todo: en la política, las infidelidades, el sexo, la suegra, el
¿Qué hace para estar contento?
Soy un mae normal, con altos y bajos, pero a todo le saco un chiste. Tengo malos ratos y me deprimo pero no aflojo. He tenido noches negras, pero siempre saco la tarea y el que me contrata sabe a lo que va y nunca lo defraudo. (...) Casi pierdo a mis hijos en un accidente de tránsito y eso me golpeó muy fuerte.
--¿Pasa muy ocupado?
--Hago un programa en Omega Stereo,
--¿A qué hora se divierte?
--Soy un personaje público y muy popular. Eso no me molesta, solo cuando un
--¿De dónde saca los chistes?
- - Recibo muchos libros de Argentina, Colombia y México que son las fuentes de humor más pesadas; pero viéndolo bien el humor es muy universal y se mezcla. A todo eso le pongo mi dosis de improvisación y hago un complemento y creo nuevas versiones y dichos como
--¡Pero se repiten!
--Ahí esta la magia del asunto, siempre hay chistes clásicos. Soy un anecdotario, me eduqué en la universidad de la vida y tengo mucha materia para hacer jocosas todas las intervenciones. Reciclo los chistes, les doy vuelta y la gente se ríe porque
--¿Se ha metido en problemas por chistoso?
--Nunca. Evito ser grosero, si cuento un chiste gay lo suavizo; no hago bromas racistas ni contra discapacitados para no herir a nadie. Me presento donde sea sin miedo de salir con un domingo siete; he actuado ante gente de todas las edades y clases, desde el Melico Salazar pasando por todos los hoteles cinco estrellas, hasta en Máxima Seguridad de Adaptación Aocial. Hago reír sin ser vulgar.
--¿Le han dicho groserías?
--Pachuco, pero no lo considero un insulto. Pero sí me molesta la gente envidiosa, la injusticia y el mal humor.
--¿Es un engreído?
--No es pecado tocar el cielo, siempre y cuando uno tenga los pies en la tierra. En 25 años nunca olvidé mis raíces y no me creo más ni menos que nadie, ni tampoco me trago todos los elogios. No soy perfecto, cometo errores, ni Ricky Martin le cae bien a todo el mundo, menos yo.
--¿Cómo se siente con sus rivales?
--Carezco de celos profesionales. Respeto a mis colegas, tengo amistad con todos, me alegro cuando triunfan.
--¿Y el que lo imita en Repretel?
-- Enhorabuena si es para ganarse el pan de su familia. Le sugiero que cambie de nombre y no use
--¿Cuánto dinero gana?
--Soy un profesional que sabe lo que vale; una vez una señora me quiso contratar pero se había gastado la plata en otros y pretendía pagarme con lo que sobraba. Cobro lo que me merezco. Al principio me ganaba ¢5 mil por presentación; pero dignifiqué el trabajo del humorista. Ahora el comediante sale por la puerta grande, trabaja en emisoras de primera línea y el humor es rentable.
--¿En qué gasta la plata?
--En calidad de vida y en darles a mis hijos lo que no tuve. Trato de darme todos los gustos que puedo pagarme, vivo bien, como bien, visto bien, tengo un buen carro, he viajado mucho. Solo me niego algo cuando hay otras prioridades; siempre me gustaron los carros ¡diay anduve tanto al trole!. Pero mi familia es primero y después lo demás. Lo que sufrí de niño nadie lo padecerá. Todo lo que tengo es honrado, gracias a Dios, a sacrificios y a quienes me contratan. Nunca he pegado la lotería y la única herencia de mis padres fue mi talento.
--¿Qué recuerdos lo llevan a la infancia?
--Aunque nunca tuvimos casa porque vivíamos en cuartillos como el chavo del ocho, recuerdo que eran bellas, pero muy pobres. De todos lados nos echaban el desahucio. El piso era de tierra, nos alumbrábamos con canfineras. Me la jugaba en el cole; tenía mucha chispa y una memoria fotográfica, tampoco era un genio pero Dios me bendijo a manos llenas.
--¿Cómo se ve en el futuro?
--Lleno de canas y roquito. Pienso retirarme y no morir en un escenario; quiero relajarme, liberarme del estrés y de las responsabilidades para no tener que trabajar más. Ya estoy madurito (61 años); voy a darle campo a los que vienen atrás, pero tienen 25 años buscando al sucesor de Carlos Ramos y aún no lo encuentran. Es difícil encontrar un comediante nato. Ahorro para jubilarme; en otros países los comediantes están sindicalizados y se pensionan con dignidad.
--Viéndolo bien, ¿posaría desnudo para una revista de mujeres?
--Esa vara no. ¡Con este físico!. Una vez fui rey feo, pero es una fealdad muy tuanis, si yo tuviera que reencarnar y nacer me gustaría ser igual, así, chiquitillo, cachetón; si con esta pinta tengo problemas ¡imagine si fuera guapo!.