Palmar Sur y Río Claro. "Sería una lástima perder o vender estas fincas", "tendría que volver al Atlántico o a San José"... La queja se repite en todas las plantaciones del sur que, pese al difícil panorama, se mantienen en producción y exportando al menos 120.000 cajas semanales de banano.

Ahí, en las extensiones plantadas de banano que resurgieron en la región con todo el apoyo político, tienen trabajo directo unas 1.200 personas y se pagan unos $6 millones (alrededor de ¢1.212 millones) por año en salarios y cargas sociales.
Los bananeros de la región afirman que otras 2.500 personas tienen empleo en tareas relacionadas indirectamente con el sector, como el transporte de la fruta, la estiba en el puerto de Golfito y la fumigación aérea.
Todos ellos viven hoy una era de incertidumbre, tal como sucedió a partir de 1983, cuando la Compañía Bananera de Costa Rica comenzó a dejar la actividad frutera en la zona, proceso que se completó en 1985.
Eso porque las plantaciones están seriamente amenazadas de desaparecer o cambiar de manos, en vista de los atrasos en pagos de deudas. La falta de atención a los créditos se suscita principalmente ante los problemas de comercialización que han tenido los productores, desde el inicio. (Véase nota en página 6).
No son charrales
Con la febril actividad de la planta empacadora al fondo, pues ese día en cada una de estas instalaciones se debían alistar unas 6.000 cajas, los productores se esforzaron en explicar cómo los viejos campos abandonados por la Compañía Bananera de Costa Rica se convirtieron de nuevo en saludables plantaciones.
"Tienen razón, ya no son charrales y es una lástima perderlo", dijo el subjefe de la Corporación Bananera Nacional (CORBANA) en la zona, Edgar Bejarano González.
Nos sentimos y somos parte de esta reactivación, afirmó el gerente general de la finca Línea Verde, Jorge Gómez. En la empacadora de esta empresa, Gerardo Naranjo, del comité de trabajadores, manifestó que no quiere volver a lo que pasó cuando se fue la compañía bananera: él se marchó para Limón, dejó a toda su familia en Palmar, venía cada tres meses y en una ocasión encontró a uno de sus hijos casi muerto porque no lo podían llevar al hospital.
Los trabajadores tampoco quieren volver a vivir una época como cuando se les impulsó al cultivo de cacao pues pasaron hasta tres meses sin recibir salario y solo lograron sobrevivir con ayudas internacionales que les brindaban alimentos, explicó Juan Solís, socio de Coopalsur desde 1984.
Y, aunque algunos piensan en la opción de venir a San José, como Filimón Ríos Godínez, su verdadero trabajo está en la actividad bananera, donde incluso llegó por influencia de sus progenitores, que siempre laboraron en eso.
La incertidumbre se extiende desde las fincas hasta el comercio y el muelle de Golfito pues las dos actividades dependen casi en su totalidad de la producción bananera.