Como un obsequio navideño, en 1988, el Café del Teatro Nacional exhibió una muestra del caricaturista Víctor Cartín Brenes (nacido en 1959): “–Papito', ¿cuánto falta para la Navidad? –Unos dos millones de años...”, le responde el cavernícola.
La exposición individual de veinte obras (16 con motivos navideños) incluyó una colección de ocho diseños en presentación de tarjeta. Al ponerlas a disposición del público, la muestra favoreció esa valiosa tradición de saludar.
Un decenio de humor. Con su ingenio y creatividad, Víctor Cartín se destacó en la producción nacional de los años 80. Fue uno de los caricaturistas más activos en esa convulsa década. Entonces firmó sus dibujos con su primer apellido, pero sobre todo con los seudónimos Tin-Glao (de tinglado , por aquello de lo armado a lo ligero, el artificio y el enredo) y Cleo (nombre del personaje creado para la revista Perfil).
La gran apertura de la prensa a la producción criolla le permitió publicar en el periódico quincenal Contrapunto, en los diarios La Prensa Libre, La República, La Nación y en los semanarios Rumbo Centroamericano y Esta Semana .
También publicó en Nicaragua, Panamá y México. Colaboró con el Cartoonist & Writers Syndicate y fue corresponsal para Nicaragua, Panamá y Costa Rica de la Revista Humorística Witty World de los Estados Unidos.
Circunscrita lastimosamente a un decenio, su obra fue merecedora de dos significativos galardones: Mención de Honor en la III Bienal Internacional de Humorismo (Cuba, 1983) y Premio Exile 1989 en el Salón Internacional de Humor en Alemania Federal. “Es curioso: a la caricatura se la ha visto como un arte menor –señaló este dibujante autodidacta– y, sin embargo, es la fusión de varios aspectos, tales como el ingenio, el dibujo y los textos, que son muy difíciles para los humoristas gráficos”.
Más de veinte exposiciones individuales y colectivas, nacionales e internacionales, difundieron su trabajo en distintos sitios, algunos consagrados por la historiografía artística: Teatro Nacional, Museo Juan Santamaría, Instituto Nacional de Cultura (Panamá), Centro Cultural General San Martín (Argentina), Instituto Cultural Cabañas (México), Universidad de Costa Rica y Universidad de Panamá.
Aunque los temas políticos predominan en los años 80, la mayor parte de los dibujos de Víctor son espacios de humor blanco , “despolíticos” –según dijo en 1989, en su afán por destacar “el humor que se sostiene por sí solo y que no necesita de eventos político-económicos para poder existir”.
Su personaje Vivi , la Víbora, con su carencia de manos, simboliza su posición. Aun así, Cartín inicia su trayectoria dibujando chiste editorial, y su primer reconocimiento lo recibe en la sátira política.
Alejado de los “muñecos políticos, que además atraen una mayor censura por parte del periódico” –afirmó entonces–, Cartín juega con el humor escondido en los temas cotidianos: en la vida de pareja, los deportes (sus famosos cavernícolas de Olimpiadas de Piedra ), la ecología, la condición y el aspecto físicos, etcétera.
No obstante, algunas de sus obras son sátiras mordaces, incluso políticas, como su obra Miss-Eria, en la que toma como pretexto los concursos de belleza o la caricatura del angelical presidente Reagan, de cuya túnica se desprenden misiles dirigidos a la Tierra.
Como extremos que se enlazan, lo erótico y religioso constituyen temas relevantes en su producción. Irreverente en un contexto de ingenuidad y hasta dulzura, Cartín logra hacer reír, y ríe él mismo –“me divierto a montones”–, al tiempo que objeta con sutileza, y a veces causticidad, lo sagrado.
Desde una revista hecha por mujeres y para ellas –lo que explica el uso de un seudónimo femenino–, la atractiva y liberal Cleo lanzó sus puyas sociales. Joven y moderna, pero sobre todo pícara, también reforzó los esquemas patriarcales. Al rebasar lo permitido, algunas de sus historias no se publicaron.
Humor navideño. Lo inesperado y absurdo enraízan su propuesta en lo cotidiano. En su viaje de Nochebuena, Colacho se enmaraña en el tendido eléctrico, un cerdo muestra su cándida alegría (frente al “moco caído” del chompipe) por la invitación a la cena de Navidad, los regalos de los Reyes Magos sufren los controles aduaneros, Eva desea que llegue diciembre para comerse una manzana, y Cleo espera sensualmente a Colacho, quien termina de bajar por la chimenea. De esta forma, su humor navideño es ante todo lúdico.
Con ingenio, Tin-Glao retoma una tradición que atraviesa la historia del humor gráfico. Símbolos, iconos y actividades propias de la época pueblan sus caricaturas para hacer reír... y pensar. Así también denuncian la deforestación, la carencia de electricidad en el Caribe, el conflicto del Medio Oriente y el uso comercial de la Navidad.
En el decenio de 1980, cuando los estudiosos marcan el inicio de una nueva etapa en la historia y la identidad patrias, Víctor Cartín enfoca la Navidad con un humor que escala las diversas tonalidades: de lo blanco y liviano a lo negro y lo grotesco, de lo crítico a lo irreverente y desacralizador.
“No hay como la Navidad para demostrar a nuestros hijitos cuánto los queremos', ¿verdad?”, afirma una madre mientras tira instintivamente del brazo goteante del niño que en algún sitio se quedó perdido. Comercio que nubla la mente y oculta el amor; regalos que escalan al cielo y esconden torturas: “Cierto que me gasté todos los ahorros en comprar regalitos a mi marido'”, cuenta la mujer mientras él “cuelga” en la cima del árbol navideño.
Algunas interpretaciones humanizan la narración bíblica y, al hacerlo, la desacralizan: la profunda emoción de María y José al ver a su hijo Jesús en la maternidad tras el vidrio protector. La Virgen amamanta al Niño y su esposo consulta: “¿Y ahora qué hacemos con la ropita rosada?”.
Asimismo, la expresividad de sus personajes se pone de manifiesto en la irreverente imagen de la Sagrada Familia: la Virgen María se sonroja ante la mirada acusadora de San José por su Niño negro.
Respaldada por La Zarigüeya, Asociación de Humoristas Plásticos de Costa Rica, la muestra coronó un año de gran actividad de un miembro fundador. Multifacético y andariego, Víctor Cartín incursionó en diseño industrial, relaciones internacionales, traducción y turismo –este, su quehacer actual–.
En sus tiempos de presidente de la agrupación, soñó con crear un “sindicato” –como los de los Estados Unidos– para los caricaturistas latinoamericanos, que resolviera dos problemas vitales del gremio: la distribución de obras y la existencia de medios donde publicar. En la actualidad, su sueño sigue siendo el de otros colegas.
LA AUTORA HA PUBLICADO LOS LIBROS 'HISTORIA DEL HUMOR GRÁFICO EN COSTA RICA' (EDITORIAL MILENIO, 2008) Y 'CARICATURA Y PRENSA NACIONAL' (EUNA, 2002).