Madrid. La cantante de origen costarricense Chavela Vargas cuenta su vida y obra en el libro "Y si quieres saber de mi pasado", presentado hoy en Madrid y en el que dice que "México me lo dio todo, es mi patria" y que no volverá a Costa Rica, "un país que nunca me ha dado nada y, aún hoy, todo me lo niega".
La editorial Aguilar convocó hoy a la prensa para presentar la obra y como la cantante no pudo asistir proyectó un vídeo en el que ella afirma que el motivo de su ausencia se debe a que "el médico me ha prohibido volar durante un tiempo".
"Soy Isabel Vargas Lizano y vine al mundo el 17 de abril de 1919 en Costa Rica. Y el mundo era un pueblo del cantón de San Joaquín de Flores, en la provincia de Heredia". Así comienza Chavela Vargas su autobiografía.
En la obra, la cantante habla de su familia y lo hace sin tapujos: "A mis abuelos no les conocí y a mis padres más de lo que hubiese querido. Tuve cuatro hermanos. Y puesto que he de decirlo casi todo, lo diré: mis padres no me querían".
"Cuando mis padres se divorciaron -añade-, me fui con mis tíos, que Dios tenga en el infierno", y con ellos "sufrí lo que los niños de Latinoamérica bien saben".
Chavela Vargas dice que siempre confió más en los chamanes que en los médicos, porque desde muy pequeña "a los dolores del alma habría que añadirle los chingazos del cuerpo, que llegaron bien pronto": poliomielitis, ceguera, un herpes y "todo lo demás...".
Aunque no habla mucho de su vida amorosa, "ni de las mujeres que me amaron y a las que amé", Chavela Vargas cree que "se dieron cuenta de que yo era homosexual desde muy niña" y todos, "para hablar de mi homosexualidad, utilizaban la palabra rareza".
A los comentarios que ha generado su homosexualidad reconocida, la artista mexicana dice que "lo que duele no es ser homosexual, sino que lo echen en cara como si fuera la peste. Hace falta tener mucha ponzoña en el alma para lanzar cuchillos sobre una persona sólo porque sea de tal o cual modo. Pero nunca he temido el que dirán, cada uno hace su chingada como mejor le parece".
De sus comienzos, Vargas dice que lo más bonito que escuchó fueron cosas como "tiene usted una voz terrible" y escribe que nació "para el mundo en México, alimentándome con sus canciones y su música, y los españoles me conocieron. Cuando hube muerto, fui a España a resucitar".
Chavela Vargas llegó a los 25 años a Veracruz y comenzó a cantar en el Hotel Mocambo. Allí conoció a figuras de las letras y la política. Después viajó a La Habana. "Yo conocí la Cuba bonita, la Cuba de la que decían era el burdel más grande del mundo con vistas al mar".
También conoció a una de las personas más trascendentes en su carrera, el poeta Alfonso Camín, quien le dio los versos de "Macorina", su primer éxito, aunque no lo grabó hasta 1961.
Esa canción producía "algún morbo, porque una mujer cantaba a la seducción de otra mujer. No hace mucho (el expresidente del Gobierno español) Felipe González me dijo que era su canción favorita. A Fidel Castro no le gustó porque entre otras cosas yo no le gusto", explica Chavela Vargas en sus memorias.
Conoció a las grandes cantantes de la época y guarda un recuerdo agradable de Lola Flores. "Era muy parecida a mí, éramos muy temperamentales, dos yeguas sin potreros", y por supuesto habla de la pintora Frida Kahlo, "mi amiga, mi amada, mi buena Frida", y en el capitulo que le dedica a ella y a su esposo Diego Rivera, confiesa que "amaba a la mujer, no a la artista".
Con amargura rememora el tiempo que estuvo sumida en el alcoholismo; los "quince años de crudas (resacas) horribles".
Y, sin dudarlo, agradece al cineasta español Pedro Almodóvar y a sus amigos su recuperación. "La Gran Cruz de Isabel la Católica -concedida el año 2000 por el Gobierno español- no es dinero, pero vale más que el dinero".
Edición periodística: Adriana Quirós Robinson, Editora nacion.com Fuente: agencias.