No solo en Estados Unidos se debate, una vez más, el tema de la infidelidad. El caso Clinton-Lewinsky nos ha hecho preguntarnos de nuevo, ¿cuán fieles somos los ticos?
El 47,7 por ciento de los hombres costarricenses considera que la infidelidad en las mujeres es algo común. Mientras, el 77,9 por ciento de las mujeres ticas opina que la infidelidad en los hombres es muy común.
Estas cifras se desprenden de un estudio realizado en noviembre del año pasado por el Instituto Latinoamericano de Prevención en Salud (ILPES).
La investigación se realizó en la Gran Area Metropolitana mediante encuestas a 300 personas. Además del tema de la infidelidad, el estudio incluyó prostitución, pornografía y turismo sexual.
Del estudio se desprenden varias causas como desencadenantes de la infidelidad, entre ellas: la falta de comunicación, carencia de amor, machismo y falta de afecto.
Insatisfacciones
Las mujeres son infieles, principalmente, por insatisfacción emocional; luego, porque sus compañeros no las satisfacen sexualmente y, en último lugar, por venganza.
Los hombres, por el contrario, son infieles por un asunto de ideología, mientras que la insatisfacción sexual y la emocional quedan en segundo y tercer planos.
La psicóloga Carmen Aybar estima que elementos personales como la inseguridad, la autoestima y los problemas de comunicación en la pareja también son detonantes para infidelidad.
Este comportamiento varía entre hombres y mujeres. "Dos terceras partes de las mujeres son infieles porque su esposo no las satisface emocionalmente, no las aprecia. En los hombres, el 70 por ciento es infiel sexualmente; no les interesa arriesgar el vínculo matrimonial, solo tener un encuentro carnal", afirma el sexólogo Mauro Fernández.
La sociedad también influye al dictar pautas de comportamiento. En el hombre, por ejemplo, la infidelidad es bien vista; mientras que la mujer sufre un rechazo.
"El varón que es infiel lo divulga, en tanto que la mujer no se atreve a decírselo ni a su sombra. En ella degrada, en él es un logro", comenta Fernández.
Aunado a esto, Aybar sostiene que el hombre tiende a ser polígamo, más que todo por aspectos culturales, "por un asunto de formación, no por algo biológico o psicológico".
"En Costa Rica -manifiesta Fernández-, la infidelidad es una conducta aprendida. El niño aprende del padre, hermanos y tíos que la mujer es una especie de instrumento que está ahí para darle vuelta, pero que es un pecado si ocurre al revés."
La infidelidad involucra una acción oculta, un engaño, no exite una infidelidad mental ni nada parecido. Para el sexólogo, "las fantasías sexuales están presentes en todas las personas"; para él, "la infidelidad depende en un 99 por ciento de ganas y un uno por ciento de oportunidad".
En ese sentido, "se tiende a decir que todo lo que no sea coito no es infidelidad, pero, en realidad, esta se da cuando tengo un interés erótico o afectivo en otra persona", afirma Fernández.
Consecuencias
En las parejas en las que la infidelidad no trasciende y el vínculo con el amante se rompe, los esposos continúan por el camino que transitaban, bueno o malo.
Pero si se descubre la infidelidad, la pareja está destinada, en la mayoría de los casos, a la separación.
Si producto de la infidelidad nace un niño, en la mitad de los casos la mujer lo oculta, en la otra se da la separación inmediata.
¿Es perdonable? "El tico maneja el perdón como una varita mágica. Pero perdonar incluye remediar el daño y quitar esa carga de culpabilidad. El problema mayor es la desconfianza que se genera", opina Fernández.
Aybar agrega que es muy difícil, "porque se asume una posición de víctima".
Según el estudio de ILPES, tanto mujeres como hombres están de acuerdo en que la infidelidad implica la separación o el divorcio y la pérdida de la confianza.
Aún no se sabe cual será el destino del matrimonio Clinton; sin embargo, pese a que el Presidente enfrenta la coyuntura más difícil de su administración, parece que los estadounidenses perdonan todo.
De acuerdo con una encuesta del diario The New York Times y el canal de televisión CBS, el 65 por ciento de los estadounidenses interrogados se opone a una renuncia o una destitución.
Y la imagen del mandatario se recuperó: el 45 por ciento de los encuestados afirma tener una opinión favorable del Presidente, y el 53 por ciento estima ahora que no vale la pena castigarlo.