
Claudia Poll Ahrens, hoy metida en el corazón de todos los costarricenses por su increíble -y a la vez inolvidable- presea de oro olímpica obtenida ayer en la alberca del Georgia Tech, en Atlanta 96, no siempre tomó la natación en serio.
La carrera de la sirena comenzó oficialmente a los cinco años, cuando iba a la piscina para aprender a nadar y divertirse, aunque sin duda fue ahí donde alimentó su pasión por el agua, en especial cuando ingresó al club Cariari en 1979.
Luego, en 1983, la disciplina prosiguió para ella como una actividad recreativa o simplemente un pasatiempo, sin prácticas exhaustas, como nadadora suplente en los torneos menores de clasificación en los ámbitos local y regional.
Dos años después (1985), hubo un hecho que la entusiasmó y le marcó el destino para siempre porque sintió, por primera vez, la sensación del triunfo, fruto de la planificación a largo plazo de su meticuloso técnico Francisco Rivas.
Ella, a la sazón, era "un diamante en bruto" y alcanzó la primera medalla de oro de su impresionante carrera, en el relevo 4x100, categoría infantil, durante el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Natación (CCCAN), celebrado en México.
Luego, con el paso de los años, la joven de padres alemanes, nacida en Nicaragua pero luego nacionalizada tica, comprendió que el deporte era su razón de ser, su gran escaparate al éxito y, ante ello, adoptó una actitud más agresiva y puso una mayor cuota de sacrificio en la competencia.
Libreto propio
Claudia escribió su libreto. Ocurrió en 1987 cuando hizo su debut "en serio" en las pruebas individuales, en el CCCAN de Puerto Rico, con una presea de oro y dos de plata, que le brindaron mayor confianza para optar al escalafón mundial.
Y el sueño se cumplió en 1989, a los 16 años. Guiada por Rivas, la reina nació al mundo en forma generosa, en la tierra de Simón Bolívar. Esa vez, invicta en todas las pruebas que nadó, rompió récords, ganó siete preseas de oro e ingresó al ranking en los 200 libre en el CCCAN de Caracas, Venezuela.
Quedó claro, eso sí, que no necesitó de la sombra de su hermana Sylvia -medallista olímpica de plata en Seúl 1988- para trascender y escribir su propia historia, aunque sí aprendió de sus consejos y de una decisión clave de Rivas...
Al inicio se especializó en las pruebas de fondo y medio fondo (400, 800, 1.500 libre y 400 combinado individual) porque, según su estratega, la idea era evitar que las opciones de Claudia y la consagrada Sylvia chocaran y compitieran entre sí.
Su súbito ascenso, dividido en "antes y después de Caracas 89", encontró su explicación a que, desde ese momento, ella se "pintó" de cuerpo entero como una atleta con enorme potencial, talento, capacidad y disciplina para el alto rendimiento.
"Claudia, además de ser una persona tranquila y paciente, tiene una facilidad enorme y una técnica exquisita para desplazarse sin esfuerzo por el agua; su estilo es muy natural y es muy ordenada hasta el límite", describió en una ocasión su coentrenadora Monserrat Hidalgo.
Lo que vino después fue que ella dejó de ser un secreto para el mundo, con una cadena espectacular, entre marcas y dividendos de oro. El alboroto que causaron sus victorias llamó la atención en otras latitudes. Claudia les respondió como campeona que es, en innumerables competencias de velocidad, en 100, 200 y 400 metros libre, dentro del desarrollado mundo acuático.
"¡Aquí estoy... presente!" fue el mensaje que brindó en merecidos triunfos en el Abierto de EE.UU. (1992); los Pan Pacific de Kobe, Japón (1993); los Juegos de la Buena Voluntad en San Petersburgo, Rusia (1994); el Mundial de Roma, Italia (1994); el Mare Nostrum Tour europeo (1995 y 1996) y el Mundial en Río de Janeiro, Brasil (1995), entre muchos retos más.
La esbelta rubia de 23 años, amante del gallo pinto y los postres que ella misma prepara, se adelantó a las proyecciones rumbo a Atlanta 96 y afinó -en fogueos en América y Europa- su técnica, sus cualidades a base de brazadas firmes y veloces.
Convertida en un torbellino, hoy el mundo le reconoce a Claudia Poll el espíritu competitivo, el coraje y el papel maravilloso realizado ayer en su primera y gran gloria olímpica. Una vez más, la natación le dio al deporte costarricense dimensión universal. ¡Felicitaciones, campeona!