Don Enrique Delgado Mora perdió su vista desde que cayó, en noviembre pasado, en una de las bóvedas subterráneas que la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL) tenía abierta en la inmediaciones de la sede central de Correos y Telégrafos, en San José.
Ese 19 de noviembre de 1996, don Enrique, de 75 años de edad, fue conducido al hospital San Juan de Dios donde recibió los primeros auxilios, entre ellos 10 puntadas en su cabeza.

Sin embargo, narró que desde que sufrió ese accidente su vida cambió considerablemente: ya no ve, no aguanta el dolor de espalda y con grandes trabajos se puede desplazar de un lugar a otro.
Y, al igual que don Enrique, decenas de personas deben ser conducidas a los distintos hospitales luego de sufrir caídas en viviendas, sitios de trabajo y vías públicas.
Solo en el Hospital Nacional de Niños, durante 1995, se atendieron 14.322 menores de edad; un promedio de 39 casos diarios. Esa cifra representó el 63,5 por ciento del total de accidentes en ese periodo.
El director de ese centro médico, Elías Jiménez Fonseca, expresó que, por ese concepto, el hospital erogó ¢71 millones, aproximadamente, sin contar los gastos que produjeron los 309 internamientos --cerca de ¢43 millones-- por la misma causa.
En ese mismo año, el Instituto Nacional de Seguros (INS) atendió 29.333 denuncias por caídas y el año anterior la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), reportó 6.397 egresos hospitalarios originados por esos percances, lo que representó un 32 por ciento del total de egresos por accidentes que tuvo la institución en ese año.
- Ancianos vulnerables
Tanto el director del centro médico, Mario Coto, así como Apuy, reconocieron que el impacto económico que tales accidentes ocasionan es considerable pues a algunas personas debe practicárseles hasta reemplazos de caderas.
Apuy explicó que los pacientes mayores de 50 años, como es el caso de don Enrique Delgado Mora, son quienes se caen con mayor frecuencia. Su hijo, Manuel Delgado explicó que pondrán una demanda contra la CNFL por no establecer la señalización preventiva correspondiente.
Sin embargo, Claudio Carit, inspector de la sección de salud ocupacional de la CNFL, dijo que en el momento de ese accidente había vallas anaranjadas para advertir al peatón del peligro.
Expresó que no se explica cómo Delgado no la vio, ni respondió a las alertas orales que se le hicieron segundos antes del percance. Han transcurrido dos meses de ese accidente y el anciano, de 75 años, sigue lamentándose de los golpes recibidos tras esa fuerte caída.