Washington, 16 nov (EFE).- Cada vez más mujeres retornan en Estados Unidos a las tradiciones despreciadas por las feministas y, al casarse, adoptan el apellido de su esposo, según un estudio de la Universidad de Florida.
En los países de habla hispana, tradicionalmente, cuando una mujer se casaba pasaba a ser "señora de", agregando al suyo el apellido de su consorte.
En Estados Unidos, en cambio, tradicionalmente el apellido de soltera desaparecía y la mujer casada pasaba a adoptar el del esposo.
El feminismo de los años 70 trajo una modalidad ampliada de los apellidos matrimoniales en EEUU, parecida a la hispana pero sin la preposición de pertenencia "de". Por ejemplo, la esposa del ex presidente Bill Clinton firma Hillary Rodham-Clinton.
"La adopción del apellido del esposo sigue siendo una tradición que ahora ha retomado fuerza a pesar del lapso de los años 70, los 80 y comienzos de los 90, en los cuales muchas mujeres jóvenes tendían a aferrarse al suyo", indicó la profesora de Lingüística de la Universidad de Florida, Diana Boxer.
"Creo que esto refleja la forma en que el poder de los hombres sigue influenciando la sociedad estadounidense a pesar del hecho de que las mujeres han logrado grandes avances económicos y sociales", añadió.
La excepción siguen siendo las mujeres con altos niveles de educación académica o posiciones profesionales muy destacadas, según Boxer, cuyo estudio lo financió la Fundación Rockefeller.
La encuesta involucró a 134 mujeres casadas de entre 20 y 70 años que viven en diferentes partes de Estados Unidos.
Boxer encontró que sólo 24 mujeres (el 18 por ciento) mantenía su propio apellido, comparado con 197 (el 77 por ciento) que adoptaron el apellido del esposo.
El resto usaba los dos apellidos con guión, y la razón más citada para ello fue la "unión familiar".
"La adopción del apellido de mi esposo fue un signo visible de nuestra unión", explicó una mujer. "Sirvió para hacerme sentir que estaba realmente casada y que formábamos una familia nueva".
Boxer dijo que para estas mujeres el asunto más importante de la mentada "unión familiar" eran los niños, ya que buscan "evitar las complicaciones de que haya más de un apellido en la familia".
Pero no todo es tan simple: las mujeres divorciadas señalaron que no volvían al uso de su apellido de solteras porque querían tener el mismo apellido que sus hijos, y las que se casaron otra vez adoptaron el apellido del esposo nuevo, aunque eso las dejó con un apellido diferente del de sus hijos del primer matrimonio.
"Si bien todas las mujeres que retuvieron su apellido de soltera estaban satisfechas con su decisión, algunas de las que cambiaron de apellido expresaron que lo lamentaban", dijo Boxer.
Además, según el estudio, una participante indicó "que asociaba su nuevo apellido con los familiares de su esposo, que le disgustan". EFE
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