
Nueva Orleans. El presidente de EEUU, George W. Bush, admitió hoy en una desolada Nueva Orleans que su Gobierno no cumplió con su responsabilidad en el desastre del huracán "Katrina", que hace un año devastó esta ciudad.
"El Katrina trajo imágenes que nunca pensamos que veríamos en Estados Unidos. Mi Gobierno no estuvo a la altura de su responsabilidad", dijo Bush, solemne, en un acto en el instituto Warren Easton, el colegio público más antiguo de la ciudad.
En una jornada repleta de emociones, el presidente calificó el huracán como "el mayor desastre en la historia de Nueva Orleans", aunque animó a sus ciudadanos a que, ayudados por las autoridades, recuperen la ciudad y la devuelvan "más fuerte que nunca".
"Asumo la plena responsabilidad por la respuesta del Gobierno federal. Tres semanas después del "Katrina", prometí que haría todo lo necesario por ayudar a la reconstrucción y ahora vengo a deciros que esas palabras son tan ciertas como entonces", aseguró.
Se trata del segundo "mea culpa" que entona el presidente por esta causa en cuatro días, después de que el sábado reconociese la falta de preparación de las autoridades ante una catástrofe de esas dimensiones.
Las campanas sonaron hoy en todo Nueva Orleans a las 9.38 hora local en conmemoración del momento en que se quebró el primer dique y comenzaron cuatro días en los que el agua no dejó de entrar en la ciudad, hasta inundarla en un 80 por ciento.
La catástrofe causó 1.833 muertos en cinco estados y dejó pérdidas por más de 81.000 millones de dólares, pero además supuso un golpe muy severo a la proverbial confianza de los estadounidenses en su propio país, y, sobre todo, en sus autoridades.
A la hora en que sonaron las campanas, Bush se arrodilló, acompañado por su esposa Laura, en la catedral de Saint Louis, en una ceremonia a la que asistió en memoria de las víctimas.
En este templo, que no resultó afectado por las inundaciones, el matrimonio encendió además unas velas en señal de duelo por las más de 1.400 víctimas en la ciudad.
Con su visita, la decimotercera que realiza al área afectada, Bush aspira a recuperar algo de la popularidad que perdió en gran parte de este estado, abrumadoramente demócrata, tras el huracán.
Apenas un tercio de los estadounidenses aprueba la gestión de su presidente en el desastre del "Katrina", según varias encuestas divulgadas recientemente.
Además de en su discurso, Bush ya había comenzado a saldar deudas pasadas con los habitantes de la ciudad cuando respondió a una camarera que le preguntó si iba a darle la espalda: "No, señora. Otra vez, no.", contestó el presidente.
Los ciudadanos de Nueva Orleans recibieron mayoritariamente con indiferencia al presidente. Claramente estaban más interesados hoy en recordar a las víctimas y sus propias tragedias personales.
Para Casey Marsh, que trabaja en el servicio de limpieza de la ciudad, el viaje de Bush "no significa nada, porque hará lo mismo que ha hecho otras veces, hablar mucho, prometer más y después irse y dejarnos solos de nuevo".
Rheqsu Bharadwag, dependiente de una tienda en la clásica Bourbon Street, en el Barrio Francés, consideró que los políticos han hecho "lo que han podido" por ayudar a la ciudad, pero que no serán ellos quienes reconstruyan la ciudad, sino sus habitantes.
El Congreso ha aprobado 110.000 millones de dólares en ayudas para la reconstrucción de los estados más afectados, Luisiana, Misisipi y Alabama, aunque el Gobierno sólo ha gestionado hasta el momento 77.000 de estos millones.
A día de hoy, Nueva Orleans ha recuperado a poco más de 200.000 de sus 460.000 habitantes anteriores al huracán, y se prevé que la reconstrucción de la ciudad se prolongue durante varios años.
