Washington. El presidente estadounidense George W. Bush está loco por su perro. "Barney es el hijo que nunca tuve", no duda en afirmar el mandatario, con una gran sonrisa, al referirse a su terrier escocés de tres años, protagonista de un video lanzado en ocasión de las fiestas navideñas.
En este video, disponible en el sitio oficial de la Casa Blanca (http://www.whitehouse.gov), Barney ofrece una visita a la residencia presidencial en cuatro patas, gracias a una minicámara sujeta a su espalda mientras camina por los corredores.
Aún cuando es el favorito de su amo, Barney debe compartir los favores del matrimonio Bush con Spot, una podenca (raza canina escocesa) de 13 años que continúa una prestigiosa línea.
Spot, nacida en la Casa Blanca, es la hija de Millie, la mascota del ex presidente George Bush, padre del actual mandatario.
Ambos perros siguen al presidente por todos lados, lo acompañan a bordo de su helicóptero, visitan con él su rancho en el condado tejano de Crawford, y hasta se acurrucan a su lado en su sillón preferido cuando mira televisión.
En fin, ellos verdaderamente forman parte de la vida presidencial pues Bush los pasea todas las mañanas, y se les une la Primera Dama para el paseo de la noche.
Preferido, pero...
Sin embargo, no todo es relajo y consentimiento pues Barney tiene terminantemente prohibido visitar el Salón Oval, por temor de que dañe la alfombra beige de este símbolo de la democracia norteamericana.
"Tenemos una alfombra nueva, por lo que no lo dejamos entrar", se justifica el presidente.
Aún así, hay un consuelo para Barney: Bush se distiende durante el día jugando de vez en cuando a la pelota con su mascota en los amplios jardines de la Casa Blanca donde el animal tiene licencia para correr, jugar, brincar y hacer sus necesidades básicas.
Barney y Spot son tan mediáticos que casi hacen olvidar la existencia de la gata presidencial, India, muy tímida y por ello muy lejos de ser la celebridad que conoció el mundo en su predecesor Socks, bajo la presidencia de Bill Clinton.
"La mayor parte del tiempo la gata se queda sola en los apartamentos privados de la Casa Blanca", explica Alexia Poe, portavoz de Laura Bush.
Nada novedoso
Las mascotas de los presidentes siempre han sido objeto de culto, de broma o, incluso, de leyendas.
Así, entre las decoraciones de Navidad de este año en la Casa Blanca figuran 25 representaciones en papel maché de célebres animales que acompañaron a algunos de los mandatarios.
Allí se puede encontrar tres corderos de Woodrow Wilson utilizados como cortadoras de césped durante la Primera Guerra Mundial.
También está el lagarto que el marqués de Lafayette le ofreció a John Adams, lo cual deja en evidencia que el amor de Bush por su perro Barney no es una novedad.
De hecho, Franklin Roosevelt quería tanto a su perro Fala que lo llevaba a las conferencias internacionales a que era convocado.
Mientras tanto, el perro de Warren Harding, Laddie Boy, tenía su propio asiento en la mesa del Concejo de ministros estadounidenses.
Con razón o sin razón, lo cierto es que los animales de compañía de los presidentes tienen incluso su propio museo, instalado a las mismas puertas de Washington.
"Los presidentes utilizan (las mascotas) para darse una imagen más humana", dice Claire McLean, directora del museo.
Sin embargo está convencida de que Bush no simula su afecto hacia Barney.
"El señor presidente es un verdadero amante de los perros, y lo demuestra con el afecto hacia Barney", concluye McLean.