(añade declaraciones de Bush tras concluir visitas)
Washington, 11 abr (EFE).- El presidente de EEUU, George W. Bush, manifestó hoy su satisfacción por el derrocamiento del régimen de Sadam Husein tras visitar a varias docenas de soldados heridos en la guerra de Irak, pero avisó que el conflicto aún no ha terminado.
En sus primeras declaraciones públicas tras la entrada de las tropas de EEUU en el centro de Bagdad y la declaración de la caída del régimen de Husein, Bush señaló que la guerra sigue aún.
"Cuando los jefes militares sobre el terreno digan que se han cumplido todos los objetivos podremos decir que se ha terminado", afirmó el presidente, al salir del Hospital Naval de Bethesda (Maryland), donde visitó a varios militares heridos en la guerra.
Bush dijo que no podrá olvidar "la estatua de Sadam Husein cayendo en Bagdad y entonces ver el júbilo en los rostros de los iraquíes", en lo que definió como "los primeros signos de la libertad".
"No se cuál es el paradero de Sadam Husein. No sé si está vivo o muerto. Sé que ya no está en el poder", afirmó.
Mientras la guerra en Irak prosigue y las tropas de EEUU continúan avanzando hacia sus últimos objetivos en Tikrit y algunos puntos de la frontera siria, Bush se centró hoy en la parte del conflicto más emocional para los estadounidenses.
"He venido a dar las gracias a los soldados y a sus familias... Gracias a soldados como ellos hemos tenido una semana histórica", señaló tras visitar a los militares.
Bush y su esposa Laura visitaron a 40 heridos en el hospital del Ejército Walter Reed, en Washington, y posteriormente a otros 33 pacientes en el Hospital Naval, donde también asistieron a la ceremonia de nacionalización de dos infantes de Marina heridos.
Uno de ellos, el mexicano Guadalupe Denogean, un sargento de 42 años, ha pasado 21 en los infantes de Marina; combatió en 1991 en la Guerra del Golfo, y sufrió heridas graves cuando su tanque cayó en una emboscada.
Un hijo suyo, Adam, de 21 años, está también enrolado en los "marines", aunque en otro batallón.
El otro nacionalizado es el cabo O.J. Santamaria, nacido en Filipinas y residente en California.
"La cosa más sobresaliente fue ver a dos soldados heridos prestar el juramento como ciudadanos de Estados Unidos, uno de México y uno de Filipinas", señaló Bush, quien dijo que estaba "orgulloso de ellos" y para quien la ceremonia fue "un momento profundo".
Las Fuerzas Armadas de EEUU tienen en sus filas unos 37.400 miembros nacidos en otros países, que logran que su trámite de nacionalización se agilice gracias a su servicio militar.
Varios soldados nacidos fuera de EEUU que han muerto en la guerra de Irak, entre ellos un colombiano, un mexicano y un guatemalteco, han recibido la nacionalidad estadounidense a título póstumo.
Además, Bush impuso las condecoraciones del "Corazón Púrpura", que reciben los militares heridos en combate, a los 16 soldados que aún no las habían recibido.
Según el último balance del Pentágono, las tropas de EEUU que luchan en Irak han sufrido hasta ahora 107 muertos, 399 heridos, 10 desaparecidos y siete prisioneros.
Tras las visitas a los hospitales, Bush salió hacia Camp David, la residencia presidencial de descanso en las montañas de Maryland, donde pasará el fin de semana.
A pesar de ello, la Casa Blanca sigue con atención y preocupación la marcha de los acontecimientos en Irak, donde a los triunfos militares y la caída del régimen de Husein sigue una ola de saqueos y desorden que preocupa en Washington.
El portavoz presidencial, Ari Fleischer, reconoció que es EEUU, según la legislación internacional, quien tiene la responsabilidad de mantener el orden en las zonas de Irak bajo su control.
Aún así, Fleischer trató de restar importancia a la amplitud de los incidentes de pillaje y saqueo, y los atribuyó a que "es una reacción" a la desaparición del régimen represor de Husein.
Bush continuó hoy la serie de contactos con dirigentes de otros países que respaldan su política hacia Irak con sendas llamadas telefónicas al primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y a la presidenta de Filipinas, Gloria Macapagal Arroyo, con la que también estudió la marcha de la guerra contra el terrorismo en ese país. EFE
rcf/mla/as/chg