Berlín, 14 feb (EFE).- El argentino Daniel Burman se llevó hoy el Oso de Plata Especial del Jurado de la Berlinale con "El abrazo partido", una película que cautivó al Festival de Cine por ser, en palabras de su director, "un pedazo de la vida" de Buenos Aires.
"El cine o un director de cine no tiene por qué ser trascendente. La vida sí lo es. Captar eso es lo importante y ese debe ser el mérito de mi película", explicó a EFE el realizador, recién premiado por el Festival Internacional de Cine de Berlín, que además rindió homenaje con un Oso de Oro de Honor a Fernando Solanas.
"El abrazo partido", un producción argentino-española filmada cámara al hombro en unas galerías comerciales del barrio del Once, recibió, además del gran premio del Jurado, otro Oso de Plata para su protagonista, el uruguayo Daniel Hendler, como mejor actor.
"Es una película de todos. Mía, de Daniel, de esa gran actriz que es Adriana Aizemberg, de Ramiro (Civita), que se dejó la espalda rodando cámara en hombro por las calles, en los comercios...", prosigue el director.
La historia de Ariel, el muchacho judío que creció sin padre y que hurga en sus orígenes polacos para conseguir un pasaporte a Europa, enamoró en la Berlinale, no sólo por el ritmo del film, sino también porque aborda sin dramatismos e ironía cuestiones tan duras como el Holocausto.
"No es autobiográfica, pero sí reflejo de mi vida, de mi barrio, de mi comunidad", comenta Burman, quien asegura que tras la aparente espontaneidad de su película -"donde parece reina la improvisación"- hay un "guión de hierro, blindado", obra de Marcelo Birmajer y del mismo director.
Burman llegó a la Berlinale "perseguido por una buena estrella, por un hada buena, que sé yo...", explica este "veterano" de treinta años, que ya estuvo en el Festival el año pasado, con "Todas las azafatas van al cielo" y dos años antes, con "Un crisantemo estalla en cinco esquinas", en ambos casos fuera de competición.
"Siempre me fue bien acá, pero esta vez fue todo medio mágico desde que llegué. Sabía que iba a pasar algo grande, soñaba con cualquier premio, aunque fuera el de Correos y Cartas Postales, pero no imaginé llegar a esto", explica Burman.
El director llegó a la Berlinale acompañado "de mi papá y de mi mamá, que querían verme en acción" y pensaba estar en la capital alemana hasta el viernes, pero que luego cambió el billete para quedarse hasta el final.
"Primero fueron ustedes, los periodistas, que empezaron a decirme que había ido tan bien. Luego el público, los distribuidores de Bavaria Film, cómo empezó a venderse por toda Latinoamérica, por Europa, en Israel, por supuesto, mientras esperamos se materialicen los planes para Estados Unidos también", recuerda Burman.
En la intensa semana transcurrida en Berlín, el realizador dice no haber visto "ni una sola película del Festival", puesto que se vio sumergido en una vorágine de entrevistas y contactos.
Pese al éxito -no solo de los premios, sino también de esos contactos con distribuidores-, Burman se toma con calma su profesión e insiste en que buena parte del secreto de su obra se debe a que no se lo toma como algo trascendente, sino que trata de divertirse.
"Importante y trascendente es el trabajo de un basurero, de todos los basureros del mundo, que si un sólo día dejasen de trabajar todos a la vez provocarían una catástrofe, que sé yo, higiénica. Los directores podemos pasarnos semanas, hasta meses sin hacer nada y nadie nos echaría de menos", bromea.
Burman se siente especialmente orgulloso de "compartir" honores de la Berlinale con el maestro Solanas, que recibió su Oso de Oro del ministro de Asuntos Exteriores, Joschka Fischer, en una sesión de gala con su último documental, "Memoria del saqueo".
"No me siento representante de nada, de ningún país o manera de hacer cine en especial, pero fue un honor compartir una Berlinale con él", dijo.
Latinoamérica era uno de los platos fuertes del Festival por decisión de su director, Dieter Kosslick, quien incluyó en el último momento la película de Burman en la sección a competición.
"Nadie la había visto. Ni siquiera en mi país. Tan sólo tenía una copia mi productora francesa, que es la que vieron los del comité seleccionador. Y con ella me vine acá", resume Burman.
Pocas horas después de recibir la noticia del premio, al director argentino se le acabaron las baterías de su móvil, que no cesó de sonar desde las 13.20 GMT en que saltó la noticia.
"Casi mejor que se me quede muerto el celular. Tal vez así consiga dormir un poco...", decía, entre un revuelo de cámaras de televisión y prensa escrita. EFE
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