
GDA/El Universal/México
Hay días en los que uno no debería levantarse de la cama, ya saben, de esas veces en que pierdes tu departamento, descubres a la novia con otro, te asaltan, te golpean, te confunden con otra persona y para colmo, un jefe de la mafia te encarga que asesines a otra persona.
Eso le ocurre a Slevin (Josh Hartnett) quien tras una jornada infernal, se ve en medio de dos bandas rivales, una liderada por El Rabino (Ben Kingsley); y la otra, por El Jefe (Morgan Freeman); ambos le han confundido con un apostador que les adeuda miles de dólares y le piden en pago, por separado, que ejecute un crimen.
Detrás de todo se encuentra un asesino, Goodkat (Bruce Willis), el único que conoce la verdadera identidad de Slevin, pero la mantendrá en secreto.
Después de un afortunado debut con Viaje ácido , el director escocés Paul McGuijan se adentró al tema de la mafia con Gangster No. 1 (2000) y el tema le gustó mucho.
En Asesino a sueldo lo ha desarrollado de manera brillante gracias al intrincado guion de Jason Smilovic que mantiene la atención del espectador con pistas emitidas a cuentagotas. El inicio, una serie de escenas aparentemente sin conexión, es el preludio de un laberinto oscuro cuyos personajes son movidos como piezas de ajedrez; el mismo director plantea la metáfora en la escena en que El Rabino, Goodkat y Slevin se confrontan verbalmente ante el tablero de dicho juego.
Con un elenco envidiable y un guion inteligente que no se opone a momentos de humor, McGuijan sigue la línea de los mejores filmes de gángsters, homenajea la trama hitchckoniana del hombre inocente sometido a una aventura extraordinaria con alusiones directas a North by Northwest ( Intriga Internacional , 1959) y le saca jugo a actores como Harnett y Lucy Liu.
Una anécdota sobre un hombre en el lugar y momento equivocados que por su impecable ejecución termina por ser el filme correcto para dos horas de entretenimiento.