Nueva York. EFE. Brooke Astor, legendaria figura de la alta sociedad neoyorquina que llegó a donar cerca de $200 millones para la promoción de proyectos culturales en la ciudad, murió a los 105 años.
Kenneth Warnet, abogado de la familia titular de una de las fortunas más añejas de Estados Unidos, informó de la muerte de la rica anciana, que hace unos meses fue el centro de atención mediático debido una agria disputa entre su hijo y su nieto por los cuidados personales que recibía.
El nieto de la anciana, que tenía en su círculo más íntimo de amigos a David Rockefeller, Henry Kissinger y Oscar de la Renta, presentó una demanda contra su propio padre, Anthony Marshall, en la que acusaba al único vástago de Astor y encargado del cuidado de la mujer, de recortar drásticamente el gasto en medicinas, atención médica o compra de ropa.
El nieto alegaba además que la habitación de su abuela estaba tan fría en invierno que esta debía dormir en la sala de televisión sobre un sofá sucio y con olor a orina, probablemente de los perros que poseía.
Brooke Astor adquirió ese apellido de su tercer marido, Vincent, quien falleció en 1959 y era hijo y heredero de John Jacob Astor, un exitoso comerciante en pieles y propiedades inmobiliarias que perdió la vida en el hundimiento del Titanic , en 1912.
Astor destinó parte de la fortuna heredada de su marido –unos $120 millones– a una fundación a través de la cual aportó alrededor de $200 millones a la Biblioteca Pública de Nueva York y al Museo Metropolitano de Arte, entre otras muchas entidades, y a otras iniciativas culturales y humanitarias.
Por su trabajo recibió la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima condecoración civil, en 1998.
“El dinero es como el abono, hay que repartirlo”, solía decir.