SABRÁ DIOS QUÉ QUERRÁ decir Bromato de armonio pero, viniendo de Les Luthiers, la fórmula suena altamente corrosiva y casera. Limitémonos a los hechos: Bromato de Armonio es el título de un espectáculo que el combo argentino estrenó en Argentina en 1996, y cuyo hilo conductor se descarrila desde el principio, gracias a los buenos oficios del humor.
Su estreno en el país será este fin de semana, con los ingredientes de la receta original: Carlos López Puccio, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Carlos Núñez Cortés y Daniel Rabinovich, argentinos todos ellos, enfundados en sus nada irónicos trajes negros con corbatín.
Crítica política, religión, amor y muerte recalentados varias veces siguen siendo temas centrales del grupo en todas sus presentaciones, aptos para la originalidad de sus instrumentos musicales. Afínese el oído para escuchar el bass-pipe a vara, la mandocleta y la gaita de cámara, a menos que también hagan su lucida aparición otros artefactos no menos célebres: el "latín" ó violín de lata; la marimba de cocos, el glisófono neumático y la desafinaducha, que obtiene sonidos musicales de una ducha.
El espectáculo presenta lo más nuevo -de lo viejo- del grupo, para un espectáculo que mezcla con la misma facilidad ritmos y arritmias: himnos patrióticos, ópera, zarzuela, cantos gregorianos, jazz y música del Caribe. Léase lo más cercano al programa de mano: Sonata a la carta, Pequeña serenata para grandes instrumentos, Disuacidio, fragmento de ópera ("La hija de Escipión"), Hematopeya, Cántico enclaustrado de Educación Sexual, Música en serie e Himnovaciones.
La cosa en casa
Como espetaba el crítico José Antonio Triguero, tras su paso por España con el mismo show: "Que el teatro convoque a los espíritus con la música no es tan raro; al igual que al poeta los curas le robaron el salmo, al teatro los intelectuales le robaron la música. Este es el aspecto que da razón a Luthiers para no cambiar de estilo, para no cambiar de fórmula. Una fórmula que abandona los parámetros habituales del músico para transfigurar a los cinco luthiers en brujos de la tribu, con abalorios creados por ellos mismos, rodando en una danza animista que puebla el escenario de dudas, ambivalencia, presentimientos y mordacidad".
Como es sabido, en los espectáculos de Les Luthiers cuesta que algo no sea en joda, hablando en serio. Sus celebrados guiones dramático-musicales son una mezcla de paroxismo verbal, música exquisita y mano criminal. La fama de su humor finísimo, inteligente, agudo, hondo, preciso, implacable y lúcido, etc, etc, etc, ha corrido por el mundo sin límite para el aplauso; y a eso se suma el mil veces reconocido talento musical e histriónico de sus integrantes. ¿Por qué Bromato tendría que hacer la diferencia? Pues no la hace.
Lo único que no es cosa de risa son los precios de las entradas, pero eso no debe ser parte del guión original.