Lewis y su hermano Fuller deciden hacerle una broma a un camionero, por radio de onda corta, y uno de ellos imita la voz de una chica fácil para alborotar pasiones del chofer desconocido. Sin embargo, lo que menos se imaginan es el terror que vivirán después. Por aquí ubica su trama la película Frecuencia mortal, filme de suspenso que ahora nos llega dirigido por John Dahl.
Frecuencia mortal es una cinta que mezcla el llamado "cine de carreteras" (road movie) con la vehemencia del suspenso. Sucede en verano, cuando Lewis pasa por la cárcel, de donde saca a Fuller, su hermano mayor, y juntos se van por Venna, amiga de Lewis. Su intención es la de pasar unas buenas vacaciones.
Sin embargo, sus planes se les estropean por embromar a un tipo de pocas pulgas, más psicótico que huraño, conductor de tráiler que no aguanta ni el soplo de una pluma. Para el camionero burlado, la autopista se convierte en el mejor lugar para su venganza, mientras los apodos de carretera saturan los acontecimientos por la onda corta: Oveja Negra y Niño Consentido son los hermanos, Clavo Oxidado es el camionero, y Cara Melosa es la fingida mujer que provoca al camionero psicótico.
El filme tiene tan buenos momentos, que -a ratos- uno está a dos pulgadas del suspenso total, hilado con detalles. Es un suspenso que arranca casi por nada, que se acumula poco a poco y cuyo desenlace deja abierta la posibilidad de una secuela (¿por qué no?). También hay respiros, humor incluido, y es cuando la película no se sostiene igual.
Un elenco juvenil, muy irregular, se encarga del trío metido en el enredo: Paul Walker (como Lewis) resulta más inexpresivo de la cuenta, Steve Zahn (como Fuller) sí sabe matizar bien el horror con el desenfado, y Leelee Sobieski (como Venna) es solo la belleza de su rostro.
En todo caso, aprendamos del filme: ¡cuidado con las bromas!, son como espinas en la carne.