En una entrevista exclusiva, la ex Miss Universo y hoy alcaldesa, Irene Sáez Conde cuenta cómo ha logrado escalar en el mundo de la política.La ex-Miss Universo de 1981, la venezolana Irene Sáez Conde, hoy está en la cima de la popularidad jamás alcanzada por un líder de su país.
Desde que finalizó su reinado, Irene, de 35 años, no ha dejado de prepararse. Es graduada en Ciencias Políticas y ha sido dos veces alcaldesa del caraqueño distrito de Chacao. Lo ha convertido en un modelo de limpieza, seguridad urbana y gestión administrativa. Los sondeos la proyectan como la posible presidenta de Venezuela.
-¿Que la motivó a no conformarse con ser nada más que una de las mujeres más bellas del mundo?
-La condición de haber sido Miss Universo fue uno de los elementos que me habían hecho estar siempre muy cerca de los venezolanos; pero yo sentía la gran necesidad de contribuir con el desarrollo de mi país. Recuerdo que, en 1992, en Venezuela, mucha gente hablaba del papel de la juventud en el crecimiento de la nación, pero nadie se atrevía a dar el primer paso. Ese mismo año, dos intentonas militares nos hicieron mucho daño, y yo no estuve dispuesta a estar del lado de la gente que critica sin aportar, de la gente que cree que todo está mal y no hace nada para mejorar la situación. Ese era el escenario cuando mi nombre comenzó a aparecer en primer lugar en todas las encuestas: fue un reto y lo asumí con la responsabilidad que ello ameritaba.
-¿Cuáles mujeres líderes le han servido de ejemplo?
-Hay personalidades que han marcado pauta y de todas ellas he aprendido algo, pero lo que más puede inspirarme y con lo que mejor me identifico es con el valor de la mujer venezolana, sea cual sea su puesto de trabajo, porque además comparte esa responsabilidad con sus roles de ama de casa, de esposa, de madre, y aún le queda tiempo para dedicarse a ella como mujer.
- ¿Considera que los concursos de belleza denigran la imagen de la mujer?
- Gracias al concurso Miss Universo conocí muchas realidades, me tocó un año de mucho crecimiento y mucha disciplina. Yo realmente no creo que los concursos de belleza denigren a la mujer, al contrario, yo pienso que cada vez más están buscando la parte humana de la mujer
- El hecho de ser bonita, ¿le ayudó a alcanzar sus metas en el plano político y profesional?
- A mí me ayudó mi preocupación por prepararme y responder a lo que creí que era lo mejor para mí como mujer, como ciudadana y como venezolana.
-Indudablemente, el machismo es uno de los males que acechan a las mujeres modernas en Latinoamérica. ¿Cómo lidió con él?
-Como mujer no ha sido fácil. Me ha costado muchísimo. Ha significado una entrega absoluta de mi vida, me ha tocado realizar mayor cantidad de trabajo y creatividad. Ese sexto sentido que tenemos nosotras me permitió crecer y desarrollarme con valor, respeto, rompiendo esquemas ante quienes me subestimaron.
-¿Quién creyó en usted como una Miss Universo en política y quién no lo hizo?
-Encontré apoyo en hombres, mujeres, niños y ancianos: en mi comunidad. A finales de 1992, muy cerca de las primeras elecciones en el recién creado municipio de Chacao, dos de los principales partidos políticos venezolanos (Acción Democrática y COPEI), que siempre han sido de tendencias opositoras, me propusieron la postulación. Incluso, una familia muy tradicional de Chacao se me acercó y me recalcó que confiaban en mí, que me lanzara como alcaldesa de ese municipio que apenas nacía. Definitivamente, asumí la responsabilidad de una confianza que mucha gente quería depositar en mí, y la acepté...
-Se habla mucho de los avances que ha tenido el municipio de Chacao en seguridad ciudadana, aseo, salud, educación, entre otros. ¿Cómo logró superarlos si son problemas que hace muchos años aquejan a otras zonas de Venezuela y de Latinoamérica?
-Podríamos decir que la palabra clave aquí es la descentralización. Creo firmemente en la descentralización, siempre y cuando, como proceso, establezca salidas concretas a necesidades específicas de cada comunidad. Nos hemos abierto las puertas en el municipio de Chacao al entender el proceso de descentralización como el instrumento para efectuar cambios microeconómicos y microsociales en Venezuela.
-¿Cómo le gustaría ser recordada: como la Miss Universo o como la política?
-Como una mujer, una venezolana que quiere hacer bien las cosas y las hace bien.
-En el plano personal, ¿qué nos puede decir? ¿Por qué una mujer tan hermosa no se ha casado? ¿Tiene novio?
-Soy soltera, sin más compromisos que mi labor al frente de la alcaldía de Chacao. En más de una oportunidad he estado a punto de casarme, pero quizás esto no pasó, porque la vida me tenía deparadas otras cosas, como estas que estoy viviendo. Por supuesto que, como mujer, quisiera casarme y tener hijos, pero por ahora me llena ver la alegría de la gente en las plazas; me satisface ver a los niños de las escuelas municipales que salen al recreo y prefieren sentarse frente a la computadora para seguir aprendiendo.
-El éxito profesional, ¿viene de la mano del personal?
-Por supuesto. Todo en la vida cuesta trabajo, y alcanzar lo que me he propuesto, a base de esfuerzo, constancia y preparación, se convierte en una nueva satisfacción personal cada día. Creo que el éxito profesional y el personal poco a poco se van complementando y van haciendo que yo siga creciendo.
-¿Cómo es un día en la vida de Irene Sáez?
-Comienza muy temprano, escuchando los noticieros de radio y leyendo prensa. Después me arreglo y, según la agenda del día, me voy a la oficina o a alguna reunión... Termina, muchas veces, bien entrada la noche, con alguna actividad en los sectores populares y en las urbanizaciones, o con alguna reunión en la oficina para organizar las tareas del siguiente día.
-¿Por qué es usted tan popular en su país?
-Yo no tengo más que la voluntad de hacer las cosas, de ser creativa, de no detenerme ante los obstáculos, de buscar salidas, de escuchar a la gente, de atender sus necesidades como comunidad... Yo no soy más que una de las tantas personas honradas y decentes que tiene Venezuela, solo que yo me atreví a enfrentarme al reto, a poner mi entusiasmo como joven, y a demostrar que la administración pública puede ser diferente.