
BRASILIA (AFP) - La crisis de la aviación brasileña enfrentó al presidente Luiz Inacio Lula da Silva con los militares por el control de los aeropuertos, pero el mandatario ofreció el martes una salida pacífica al garantizarles a los uniformados el comando de la gestión aérea.
Lula "estableció este martes que el Comando de la Aeronáutica asume las negociaciones" de la crisis garantizando que serán respetadas las reglas y la jerarquía militares, informó a la AFP el diputado socialista y vicelider del gobierno, Beto Albuquerque, al salir de una reunión del mandatario con los partidos que lo apoyan.
La crisis con los militares detonó el viernes cuando los controladores aéreos, que en su mayoría tienen estatuto militar, entraron en huelga y paralizaron los aeropuertos del país.
Lula, que en ese momento estaba en viaje a Washington, llamó a su gobierno a negociar con los sargentos amotinados y ordenó retirar la orden de la aeronáutica de sancionarlos. Además, el gobierno se comprometió a revisar salarios y la desmilitarización de ese servicio.
Esa decisión "tuvo el efecto de una bomba atómica" en el alto mando militar, que además de ser desautorizado públicamente, consideró que se establecía "un precedente peligrosísimo", porque abre la posibilidad de amotinamiento en otros sectores de servicios básicos, dijo a la AFP el analista de Defensa y editor del sitio especializado Defesanet, Nelson During.
Lula endureció el lunes el trato a los controladores a los que llamó "irresponsables".
"No podemos admitir controladores descontrolados y sin comando. Eso cambió y a partir de ahora el comando es de la Aeronáutica", dijo Albuquerque este martes tras reunirse con Lula.
El ministro de Planificación, Paulo Bernardo, avisó que el gobierno no negociará con "un cuchillo en el pescuezo" después que un sindicato de controladores civiles se declaró el lunes en estado de huelga.
La crisis aérea brasileña que llegó a su máximo auge el viernes con la paralización de los aeropuertos se arrastra desde hace más de seis meses.
Esta detonó con el accidente de un avión de la aerolínea Gol en setiembre, que resultó en la muerte de sus 154 ocupantes y deflagró las protestas de los controladores aéreos en reclamo de mejoras laborales y de seguridad, y la exigencia de dejar de estar subordinados a la Aeronáutica.
En defensa de sus demandas, los controladores realizaron consecutivas protestas, especialmente el trabajo a reglamento provocando largas colas en los aeropuertos, esperas interminables y un sinfin de vuelos cancelados.
Otros dos factores ayudaron a sobrecargar el sistema aéreo brasileño: la quiebra de Varig, que dejó el 30% del mercado a otras compañías no preparadas, y un exponencial crecimiento del tráfico aéreo en los últimos años, según el analista During.
Como telón de fondo está el control aeronáutico, actualmente en manos de la Fuerza Aérea, que supervisa a los controladores, en su mayoría sargentos militares que desde hace años "reclaman la posibilidad de progresar en la carrera militar y mejoras salariales que la Fuerza Aérea no aceptó", explica el especialista.
Por cuestiones económicas y de estrategia nacional en un país de dimensiones continentales, Brasil mantuvo un sistema único de control aéreo civil y militar.
La desmilitarización implicaría un proceso de "al menos cinco años y recursos que el país no tiene", porque los radares y los aparatos de control son compartidos, dijo During.
© 2007 AFP