Ciudad del Cabo. Los San, conocidos también como bosquimanos, una de las etnias más antiguas de la humanidad y uno de los últimos grupos de cazadores y recolectores de alimentos que quedan en África, podrían hacerse millonarios gracias a un producto contra la obesidad extraído de un arbusto.
La planta, llamada hoodia, es realmente una especie de cactus que no crece más de un metro del desierto de Kalahari, hogar ancestral de los bosquimanos en África meridional.
Hasta hace treinta años solo los San conocían las propiedades del hoodia, que utilizaron durante milenios para suprimir el hambre y la sed durante sus largas travesías por el desierto.
Pero en la década de los setenta, cuando el ejército de Sudáfrica, que ocupaba África del Sudoeste, actualmente Namibia, comenzó a utilizar a guías bosquimanos en la zona fronteriza con Angola, la planta llegó a conocimiento de la industria farmacéutica.
El Consejo Sudafricano de Investigación Científica e Industrial (CSIR) logró sintetizar el componente activo de la planta y tras probarlo en cobayas y seres humanos y comprobar que no tenia efectos nocivos, lo patentó en 1995 con el nombre de P-57.
El CSIR llegó a un acuerdo con Phytopharm, una compañía farmacéutica británica, para que desarrollara el P-57 como el ingrediente de unas pastillas para adelgazar.
Phytopharm, por su parte, vendió los derechos de utilización a Pfizer (fabricante del famoso Viagra) por $30 millones.
El consejo de ancianos de los bosquimanos se enteró del trato y se querelló contra el CSIR por no haber hecho participar a la etnia en los beneficios de un negocio internacional montado sobre una planta cuya utilidad ella había dado a conocer.
"Los bosquimanos han utilizado esta planta desde hace más de 10.000 años para calmar el hambre y la sed", dijo Roger Chennels, el abogado contratado por los nativos, quien subrayó que el dinero que estos reciban "va a ser repartido entre todas las comunidades San".
"Su tradición está basada en compartirlo todo: el agua, la caza y, especialmente, su sabiduría milenaria. Los bosquimanos nunca han sido individualistas", puntualizó Chennels.
El CSIR se disculpó y dijo que no fue su intención dejar de lado a los bosquimanos pero que prefirió mantener el proyecto en secreto hasta completarlo.
Ambas partes llegaron a un acuerdo en el que el CSIR reconoce a los bosquimanos como guardianes de la sabiduría indígena sobre la utilización de la planta, mientras que aquellos reconocen, a su vez, los grandes alcances científicos y comerciales de la institución.
Tras ocho meses de negociaciones, las partes llegaron también a un acuerdo económico por el que los San recibirán un 8 por ciento del monto obtenido por el CSIR al vender la patente del P-57 -unos diez millones de dólares-, que será pagado a la etnia en los próximos cuatro años.
Una vez que Pfizer comercialice su producto, previsto para 2008, los bosquimanos recibirán también el 6 por ciento de la regalía que Phytopharm pagará al CSIR durante los próximos veinte años.
"Muchos creen que lo acordado no es ventajoso para los bosquimanos; sin embargo, dada la envergadura del negocio de productos contra la obesidad -que suma unos $3.000 millones al año- y puesto que ellos no hubieran podido sintetizar, patentar y comercializar el compuesto por si mismos, creo que el acuerdo ha sido un éxito", dijo Chennels.
El dinero será depositado en una cuenta en fideicomiso y utilizado para comprar tierras a la comunidad bosquimana, puntualizó el abogado.
Los pocos que quedan, unos 90.000 repartidos entre Suráfrica, Botsuana y Namibia, viven sumidos en la pobreza y el alcoholismo.