COCHABAMBA, Bolivia (AFP) El presidente Evo Morales conminó a los prefectos rebeldes a firmar a la mayor brevedad un acuerdo preliminar para desactivar la crisis política boliviana, tras cuatro días de un diálogo que reanudarán el jueves, y que hasta ahora ha sido infructuoso.
Morales --en conferencia de prensa previo partir a Nueva York para la Asamblea de ONU-- pidió a los cuatro prefectos de la oposición firmar un acuerdo preliminar para "devolver al país la paz y tranquilidad".
El mandatario dirigió su pedido a los prefectos (gobernadores) opositores de Santa Cruz, Tarija, Beni y Chuquisaca, que participan del diálogo político iniciado el pasado jueves en la central Cochabamba, que hasta ahora no ha logrado acuerdos para descomprimir una crisis que dejó 19 muertos en las últimas tres semanas.
Flanqueado por los veedores Gabriel Valdés (Unasur) y Dante Caputo (OEA), Morales dijo haber presentado a los prefectos una nueva propuesta que pueda "garantizar, mejorar, compatibilizar o corregir el tema autonómico", neurálgico de la confrontación.
"Antes de salir a la reunión de las Naciones Unidas, estoy dejando este documento para que el vicepresidente gestione la firma. Qué bueno sería que firmen para conseguir paz y tranquilidad", señaló.
Además, expresó su preocupación por los campesinos afines a su gobierno que marchan a la ciudad de Santa Cruz en demanda de que los opositores firmen el acuerdo. "Estoy segurísimo de que si los prefectos firman, volverían la paz y tranquilidad en la región de Santa Cruz", indicó.
Sindicatos campesinos pro-gubernamentales anunciaron, como rechazo "a la actitud intransigente de los prefectos oligarcas", comenzar una marcha hacia la ciudad de Santa Cruz, feudo de la oposición, según dijo el domingo el dirigente campesino Fidel Surco.
Manifestantes, que ya bloquean cuatro entradas a Santa Cruz -el departamento más rico de Bolivia y el que encabeza la oposición a Morales-, anunciaron que radicalizarán el cerco.
Morales enfrenta a los prefectos Rubén Costas (Santa Cruz), Mario Cossío (Tarija), Savina Cuéllar (Chuquisaca) y Ernesto Suárez (Beni).
"No vamos a dejar el diálogo, no vamos a romper el diálogo, creemos que hemos hecho importantes avances", afirmó Cossío al cerrarse el domingo una primera fase de conversaciones que -según dijo- volverá a abrirse el jueves.
El optimismo opositor contrastaba con la desazón oficialista que esperaba rubricar rápidamente un entendimiento ante veedores internacionales de la ONU, OEA, Unasur, Unión Europea y las Iglesias católica y protestante.
El vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, dijo este lunes que el gobierno sospecha que la oposición no tiene "voluntad de firmar un documento de gran acuerdo" nacional.
"El pueblo no puede ser nuevamente burlado; el pueblo no puede entrar a ese tipo de escamoteo de la expectativa y la esperanza", dijo García, que agregó que el diálogo "no puede ser indefinido".
Los principales temas de confrontación son las autonomías que reclaman los opositores, el proyecto de nueva Constitución que Morales quiere hacer aprobar y un impuesto de hidrocarburos que el Ejecutivo recortó a las regiones.
El gobierno exigió que la fecha tope para aprobar en el Congreso la convocatoria a referendo sobre la nueva Constitución debería ser a más tardar el 1 de octubre, mientras la oposición afirma que esa fecha no permite realizar los cambios requeridos en el texto.
El otro punto, la implementación de las autonomías departamentales, demanda central de las regiones rebeldes, tiene características que difícilmente serán aceptadas por el gobierno.
La preocupación por la situación en Bolivia llevó a la presidenta chilena, Michelle Bachelet, a convocar para el miércoles en Nueva York a una reunión de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), aprovechando la Asamblea de la ONU.
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