Por Julio César Rivas
Toronto (Canadá), 25 sep (EFE).- Nueva Escocia se ha convertido en la quinta provincia canadiense en legalizar los matrimonios entre personas del mismo sexo, otra señal de que Canadá se está convirtiendo en la meca norteamericana de los derechos homosexuales.
Aunque en teoría el matrimonio en Canadá sigue siendo considerado oficialmente como "la unión de un hombre y una mujer", en la práctica casi 25 millones de los 32 millones de canadienses viven en zonas donde los tribunales han cambiado la definición tradicional.
En las provincias de Ontario, Québec, Columbia Británica, Manitoba y el territorio de Yukon, además de Nueva Escocia, desde el viernes, el matrimonio es la "unión de dos personas" sin especificar su sexo, después de que los tribunales de estas regiones decidiesen que la definición actual era anticonstitucional.
En un principio, los gobiernos federal y provinciales intentaron oponerse al dictamen judicial interponiendo recursos y apelaciones, pero la resistencia se desmoronó en junio del año pasado cuando el Tribunal de Apelaciones de Ontario -la principal provincia del país- confirmó que la ley es anticonstitucional.
Finalmente, el Gobierno liberal admitió la tesis de los tribunales de que la ley viola el artículo 15 sobre igualdad de la Carta de Derechos y Libertades de la Constitución y está preparando una ley que permitirá los matrimonios entre personas del mismo sexo en todo el país.
Antes de llevar la ley al Parlamento, el Gobierno quiere que el Tribunal Supremo conteste a una serie de preguntas que eliminen toda duda sobre la constitucionalidad de los matrimonios homosexuales y acalle las críticas de los sectores más conservadores de Canadá.
Se calcula que existen unos 3.000 matrimonios entre personas del mismo sexo en Canadá y centenares de otras parejas homosexuales están acudiendo desde Estados Unidos y otros países para casarse.
Esta realidad no ha pasado desapercibida entre líderes políticos y religiosos conservadores.
A principios de septiembre, el Papa Juan Pablo II criticó al gobierno canadiense por permitir los matrimonios homosexuales, aprovechando la presencia del nuevo embajador canadiense en el Vaticano, Donald Smith.
Juan Pablo II afirmó que "cualquier intento de cambiar el significado de la palabra esposo contradice la razón correcta: garantías legales, similares a esas otorgada al matrimonio, no pueden ser aplicadas a uniones entre personas del mismo sexo sin crear un falso entendimiento de la naturaleza del matrimonio".
La oposición a la nueva realidad matrimonial canadiense no se reduce al exterior.
Aunque varias provincias bajo dominio de partidos conservadores han anunciado que no permitirán los matrimonios homosexuales, el hecho de que el gobierno regional conservador de Nueva Escocia haya decidido no recurrir la decisión judicial del viernes demuestra que la resistencia se está debilitando.
Es una situación muy distinta a la que se vive en el vecino Estados Unidos, donde el gobierno del presidente George W. Bush apoya cambios constitucionales para prohibir los matrimonios entre homosexuales.
Otra señal del cambio que atraviesa Canadá fue la decisión el pasado 14 de septiembre de una juez de Ontario de conceder el primer divorcio del país a una pareja de lesbianas.
La pareja -que ha convivido durante los últimos 20 años- se había casado en Ontario poco después de la decisión de junio de 2003 que autorizó la unión matrimonial entre homosexuales.
Para los grupos defensores de los derechos de los homosexuales, la concesión del divorcio es casi tan importante como la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo, porque supone la reforma de una de las pocas leyes de peso en las que se continuaba aceptando la definición tradicional de matrimonio. EFE
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