Hamburgo/Zurich (dpa). Tres años antes del Mundial de Sudáfrica 2010, la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) celebrará en Zúrich a partir del próximo lunes un Congreso que debe terminar con la coronación de su máximo mandatario, Joseph Blatter, que ampliará su presidencia de nueve años hasta 2011.
El tema más importante de la FIFA actualmente es el problemático Mundial de 2010 en Sudáfrica, algo que se verá subrayado por la presencia de siete ministros sudafricanos. Blatter, de 71 años, quiere demostrar así que tanto él como su país de su preferencia no regatean esfuerzos para ser un exitoso anfitrión del torneo, que se celebrará del 11 de junio al 11 de julio de 2010.
En el Congreso, Blatter, único candidato a la presidencia, alabará otra vez a Sudáfrica por los progresos realizados en la prepración del magno acontecimiento deportivo después de que en las pasadas semanas sembrara más bien la duda y la inseguridad. El plan A y el plan B es Sudáfrica. Pero en caso de que hubiera que recurrir a un plan C (por catástrofe natural), la alternativa sería Alemania.
Esto desencadenó nuevas dudas y deconcierto en el próximo país mundialista y el "Cape Times" escribió: "Blatter es un amigo de Sudáfrica, en quien se puede confiar. Pero ante todo es presidente de la FIFA. Por ello, la amistad cuenta menos en caso de ponerse seriamente en duda la capacidad de Sudáfrica de poder organizar el Mundial".
"Se divirtieron tanto en el Mundial 2006, que quieren más", añadió el perdiódico en un golpe dirigido a los alemanes.
En representación del gobierno, el viceministro de Finanzas, Jabu Moleki, pasó a la ofensiva diciendo: "Todos los que dudan tendrán que tragarse sus propias palabras cuando llegue el día en que todo esté listo". Ello debe ser el 31 de octubre de 2009, fecha "irrevocable" impuesta por la FIFA para que estén terminados los cinco nuevos estadios a construir y los otros cinco a modernizar.
Al mismo tiempo admitió que en el país, a causa de los muchos proyectos mundialistas, hay escasez de cemento y de elites técnicas cualificadas.
Para Danny Jordaan, jefe del comité organizador sudafricano, las cualidades de Sudáfrica están reflejadas en cifras: Ya ahora, la FIFA tiene asegurados ingresos récord de 2.300 millones de euros (3.100 millones de dólares), en Alemania fueron sólo 2.000 millones (2.709 millones de dólares).
En esta situación, la tarea de Hosrt R. Schmidt de respaldar al comité organizador por encargo de la FIFA es más que ardua. El alemán tiene que acreditarse como diplomático, ante todo para no despertar la impresión de alemán sabihondo. Por ello, al retorno de su segunda visita a Sudáfrica se expresó en términos cuidadosos pero "plenamente convencido": "Las cosas van a buen ritmo. No veo de momento ningún potencial de peligro en lo referente a la construcción de estadios".
El secretario general de la FIFA, Urs Linsi, fue más claro: "Los desafíos son inmensos. La planificación de tiempo muy ajustada. Apenas si existen reservas de tiempo.". Así pues, se pondrán las bases del nuevo estadio en Ciudad del Cabo pese a que el máximo tribunal de la ciudad no decidió aún sobre la demada de una organización de defensa del medio ambiente oponiéndose a la construcción, tasada en 280 millones de euros (378 millones de dólares).
La FIFA hace presión y el gobierno del presidente Thabo Mbeki elevó el Mundial a cuestión de Estado de primer rango garantizando 875 millones de euros (unos 1.118 millones de dólares) para los estadios mundialistas y 950 millones (1.218 millones de dólares) para infraestructura.
"EL gobieno es increíblemente servicial e importante", dice Schmidt, que cada vez encuentra más miembros del gobierno en el comité organizador, donde a fin de poner orden en la confusión de 650 proyectos individuales se va a nombrar a un planificador jefe.
Blatter seguirá jugando su "partido mundalista" con Sudáfria. Consiste en alabanzas, exigencias y amenazas y en la esperanza de que al final todo salga bien. Blatter quería Sudáfrica a toda costa y la quería ya en 2006. En caso de que Sudáfrica fracasase ello significaría en realidad también el fracaso de su presidencia, cuyo final tampoco lo ve en 2011.