Un ambiente de libertad en el que el que quería andaba desnudo o fumaba marihuana; espectáculos impresionantes, tarimas gigantescas, un sonido nítido y una organización eficiente, fueron los aspectos que llamaron la atención de cuatro costarricenses que presenciaron la versión de 1999 del festival de Woodstock.
En una base aérea abandonada, en la ciudad de Rome, estado de Nueva York, se congregó más de medio millón de personas el fin de semana anterior para conmemorar el 30 aniversario de la realización de la Feria de Música y Arte de Woodstock, celebrada originalmente en 1969.
Este año contó con la participación de cerca de 49 grupos y solistas de diversos géneros: desde rock y heavy metal, hasta rap y pop.
Ignacio Riba y Rebeca Vargas, dos de los cuatro ganadores de la promoción organizada por TV Cuatro, Radio Uno, Canadá Dry, Producciones Jaulares y Viajes Ejecutivos Mundiales; y Max Castillo y Vivian Htt, locutores de la Uno, le contaron a Viva sus experiencias en la versión de 1999 del concierto.
Reunidos por la música
Ignacio Riba, de 22 años y estudiante para técnico en emergencias en la Universidad de Costa Rica (UCR), siempre recordará el haber visto a miles de personas reunidas en un mismo lugar gracias a la música.
Pero definitivamente le será difícil olvidar un puesto muy curioso en el que se vendían puros de marihuana y el ver a hombres y mujeres caminando despreocupados sin más ropa que un sombrero, o un par de zapatos.
"Una vez que entrabas podías hacer lo que quisieras", dijo... y así sucedió.
Ignacio y el resto de sus acompañantes llegaron al concierto el viernes 23 en horas de la tarde, apenas a tiempo para escuchar al grupo Jamiroquai, uno sus favoritos.
Cuando le tocó el turno al grupo Offspring, Ignacio se dijo: "tengo que verlos de cerca".
Sin mayor problema caminó hacia la tarima, hasta que se encontró a unos diez metros de distancia; allí la "pelota" era demasiada, pero con un poco de esfuerzo pudo llegar hasta "pegar el pecho con la tarima". Contó que tiene unas fotos buenísimas de la banda.
Además de Jamiroquai y Offspring, tuvo la oportunidad de ver a otros de sus preferidos, como Alanis Morissette, Metallica, Korn y Rage Against The Machine.
Ignacio no estuvo presente durante los disturbios del cierre del concierto; pero Rebeca Vargas sí los presenció.
Tampoco fue para tanto
Para Rebeca, de 22 años y estudiante de arquitectura en la Universidad de Costa Rica (UCR), la reacción de la prensa ante los disturbios ocurridos en la clausura del concierto fue desmedida.
"No fue tan dramático, si se toma en cuenta la cantidad de personas que estaba presente", afirmó.
El domingo 25, a la clausura del concierto, asistentes descontrolados provocaron incendios, derribaron torres de altavoces y saquearon quioscos de recuerdos en incidentes que se prolongaron durante varias horas.
"Sí, hubo incendios y vi cuando tomaban un quiosco que vendía artículos oficiales, pero fue como protesta por el afán comercial de la actividad", sostuvo.
Precisamente, esa fue una de las cosas que más le llamó la atención: "el motivo por el que nació Woodstock se perdió con una organización muy comercial", afirmó.
Y agregó: "también me llamó la atención el hecho de que había una gran libertad en el ambiente, pero los puestos en que se vendía cerveza estaban rodeados de rejas".
Por supuesto, también le causó impresión ver a hombres y mujeres desnudos sin mayor problema y a otros echándose unos puritos de marihuana.
Pero con todo y las situaciones desconocidas para ella, Rebeca sostiene que Woodstock no fue tan solo un concierto, sino una forma de decir algo (Paz, amor y música fue el lema) y que los grupos participantes así lo entendieron.
Deseo cumplido
Max Castillo es un ferviente admirador de la cantante Alanis Morissette y el fin de semana anterior vio cumplido su sueño de verla interpretando en vivo.
"Fue un placer verla cantando, llenó todas mis expectativas", comentó este locutor de radio Uno y ejecutivo de ventas de TV Cuatro.
Pero aunque Alanis es su preferida, Max confiesa que, desde su punto de vista, fue el grupo Metallica el que "se robó el show".
Contó que las bandas tocaban y tras la última canción dejaban el escenario, mientras que en el caso de Metallica el público les pidió más.
Como a otros asistentes, las nenas con los senos al viento, algunos pintados, captaron toda su atención, lo mismo que un ambiente en el que cada quien hacía lo quería y nadie se metía con los demás: "en un momento pasó un tipo con un traje entero superformal", comentó.
Contó que hubo un momento en el que se acostó en la gramilla para descansar, y en tres ocasiones alguien le pasó por encima sin mayor preocupación.
A Vivian Htt lo que más le llamó la atención fue ver siempre a un "mar de gente" que caminaba de un lado a otro.
Además dijo: "Nosotros estamos acostumbrados a ver un concierto con un solo artista, pero no a las concentraciones de los mejores grupos y cantantes de moda".
Reconoció que había un sonido nítido y que la tarima principal (había tres) era tan grande, que se podía ver a más de dos kilómetros de distancia.
Comentó que circuló un periódico interno que publicaba entrevistas con los artistas participantes, el cronograma de las presentaciones y otros artículos.
Para Max y Vivian, haber estado en Woodstock 1999 fue una experiencia inolvidable, como de seguro lo fue para Ignacio, Rebeca y el resto de costarricenses que estuvieron presentes.