Dicen que ladrón que roba a ladrón tiene mil años de perdón. E igual los tiene un vampiro que elimina a los vampiros para defender a los humanos: este es Blade, el vampiro que sí puede ver el Sol (salido de un cómic de Marvel), y que ahora repite como personaje de una película que corre a puras mordidas en el cuello, enigmas y charcos de sangre: Blade II (subtitulada Cazador de vampiros II), de nuevo con el actor Wesley Snipes como Blade.
No hay duda que esta secuela quiere aprovechar el éxito comercial de la primera cinta (de 1998, dirigida por Stephen Norrington), y nos llega con Blade metido en una aventura más dura y frenética: ahora tiene que enfrentarse a unas criaturas vampirescas que gustan alimentarse de humanos, pero también de otros vampiros. Es una especie mutante llamada Reapers (Segadores).
Antes de enfrentarse a esos vampiros segadores, Blade rescata a su amigo Whistler (el actor Kris Kristofferson) del estado de muerte continuada en que estaba (así que ya lo saben: Whistler no se muere, como se dijo en la primera película). También, Blade se une a un grupo de vampiros que lo ayudará en su tarea y de donde surge un sutil romance con una bella vampiresa: Nyssa (la actriz Leonor Varela).
El resto es una puesta en escena muy ajetreada, adrenalínica y febril, llena de peleas, con una música discotequera a tono con ese ritmo trepidante, con algunos efectos especiales sorprendentes y con otros más cajoneros, con un héroe de pocas palabras y cargado de acrobacias, con coreografías repetitivas, con una acción incesante y violenta ante la ausencia de un buen guion.
El responsable de todo ese concierto visual extenuante es el director mexicano Guillermo del Toro, de quien hemos visto películas del género fantástico como la mexicana Cronos (1993), la estadounidense Mimic (1997) y la española El espinazo del diablo (2001). Los adictos al vampirismo pueden sentirse mordidos por Blade II, mientras llega la tercera de la serie, que ya alista colmillos.