Muy posiblemente esta no era la forma en que David Bisbal tenía pensado cerrar su gira latinoamericana Premonición : con un Palacio de los Deportes que no alcanzó siquiera la mitad de su capacidad. ¿Cuántas personas podrían haber llegado? ¿Dos mil? ¿Dos mil quinientas?... Por ahí.
No eran muchas, pero gritaban con unas ganas que quien estuvo afuera del gimnasio herediano esa noche, de fijo se lo imaginó repleto.
A Bisbal, por su parte, hay que reconocerle la emoción que le puso a la noche y a sus canciones. También el hecho de que era un espectáculo que implicaba una gran producción y que había una banda de músicos –diez en total– talentosos y dispuestos a pasársela muy bien.
Se abre el telón. Los primeros en ser aplaudidos fueron, puntuales, los muchachos de Porpartes. Macho Salazar (voz) y Kin Rivera Jr (batería) salieron junto a los músicos invitados Nomo (guitarra) –Juan Arce– y Felipe Contreras (bajo), para demostrar que el pop hecho en Costa Rica ha alcanzado un nivel muy respetable.
Con temas como Silencio, Sigo, Quiero más, Sentir y Vitaminas, los muchachos trataron de calentar a los presentes, que aplaudieron con emoción, pero a quienes nos se les ocurrió pedir “otra”. Lástima, los Porpartes bien se lo merecían.
Lo nacionales ocuparon media hora de la agenda, así que entre las 8:30 p. m. y las 9 p. m. un grupo de técnicos ocupó el tiempo corriendo por el escenario, quitando chunches por ahí, instalando otros por allá, anunciando así la llegada del artista español, la cual se concretó pocos minutos antes de las 9 p. m.
Una cortina blanca con la que se había tapado el escenario cayó y dejó al descubierto a un Bisbal colgado de un mecate, como si estuviera acostado en una hamaca, tal y como aparece en la campaña de su reciente disco. Ahí comenzó todo.
David cantó algunos de sus éxitos, pero sobre todo temas de su nuevo disco y esto hizo un poco larga la jornada, pues aunque varias de las canciones prometen tener éxito en la radio, en este momento solo Bisbal y la banda que lo acompañó las conocía. Entre ellas estaban Calentando voy, Silencio , Amanecer sin ti, Torre de Babel y Qué tendrás , entre otras. Todas fueron muy aplaudidas, pero no causaron el efecto histérico de interpretaciones como Lloraré , Dígale , Desnúdate mujer , Ave María o Bulería , que formaron parte del repertorio.
Detrás. El espectáculo tuvo una gran producción en lo que a escenario y recursos técnicos se refiere. Había un par de columnas y una tarima (sobre la que estaban los músicos) que funcionaban como pantallas de color y que cambiaban frecuentemente de tono.
También había una pantalla gigante detrás del escenario. Fue un recurso muy útil a veces –como cuando se transmitieron imágenes del video Soldado de papel o imágenes del concierto en vivo–, y un desperdicio a veces –como cuando se proyectaban imágenes generadas por computadora, algunas absolutamente innecesarias, por ejemplo, cuando apareció la silueta de una abuela meciéndose... o una pantalla negra con figuritas verdes (como la de la película Matrix ).
No hubo bailarines, pero sí unos músicos que se le apuntaron a Bisbal en la fiesta. De verdad parecía que se la estaban pasando bien.
David, por su parte, fue energía pura: sencillo, contento, emocionado... como siempre. Ya no da volteretas como un trompo, ahora hace golpeteo con su cadera hacia adelante, consciente del efecto que eso causa entre sus seguidoras.
Tras unas dos horas de música y y el “otra” oficial, el español cerró aquí un viaje de diez meses de conciertos –la mayoría llenos– por Latinoamérica. Lo espera ahora una agenda de más de 60 presentaciones en su tierra.