Si usted es de los que son fieles a su perro o a su gato, se está quedando atrás. La serie de películas de la Guerra de las Galaxias , las de gremlins y otros seres parecidos, han catapultado la fiebre por un tipo de mascota muy singular. Poseer un reptil, un anfibio, un arácnido, o alguna especie extraña del mundo animal, parece ser la señal de que se está entrando en la historia moderna con el pie correcto... Esto es, con el animal correcto.
Existen tiendas exclusivas, revistas especializadas y una red comercial que une a varios países. La clave parece estar en la rareza del bichito que se posea y las posibilidades son más que sorprendentes.
Camaleones
Entre los más populares destacan los camaleones. Estos increíbles animalitos son criaturas muy nerviosas, pero bastante inteligentes, ya que perciben a los humanos como temibles depredadores. Esto hace que puedan morir solamente por el estrés de estar siendo manipulados por sus dueños, lo que exige un gran cuidado.
Su dieta limita su posesión a quienes no sean demasiado melindrosos, ya que su menú preferido se compone de grillos, lombrices y polillas vivas.
No obstante esas dificultades, quienes los poseen afirman que pocas cosas se comparan con el placer de observar a un camaleón en acción. El cambio de colores de su piel, que es en verdad sorprendente, la forma en que devora su comida, o simplemente contemplarlo moviéndose en su habitat, es una constante maravilla.
Los más apetecidos llegan a medir aproximadamente doce pulgadas de largo, incluyendo la cola, pero los hay más pequeños. En algunas de las especies, los machos poseen tres cuernos y sus tonalidades van desde el amarillo hasta el verde oscuro. Los cambios de coloración se producen aparejados con las diferencias de estado de ánimo.
El hecho de que sean tan frágiles ha levantado protestas contra la moda de tenerlos como mascota doméstica. Por su parte, quienes defienden su comercialización argumentan que están siendo reproducidos en cautiverio y que esos esfuerzos más bien los salvan de una posible extinción.
Los camaleones no son baratos. Su precio oscila entre 75 y 400 dólares (entre ¢22.500 y ¢120.000).
Sus necesidades tampoco son simples. Exigen un terrario muy amplio, con un árbol vivo y luz ultravioleta que evite que sus huesos se vuelvan quebradizos. También deben tener sistema de agua especial, porque acostumbran chupar las gotitas de rocío que caen en las hojas y se rehusan a tomar el líquido que se les ponga en recipientes.
De lagartija para arriba
Para aquellos cuyo nivel de tolerancia está por debajo de la delicadeza de los camaleones, los expertos aseguran que lo indicado son las lagartijas.
Un anuncio de Budweiser que ha aparecido en la televisión por cable ha propulsado a estos animales al estrellato y cada vez más gente quiere tenerlas en sus casas. Una sola empresa dedicada a la venta de reptiles, la World Wide Reptiles, de Inglaterra, vendió diez mil lagartijas de diversas variedades el año pasado. Muchos de sus dueños son estrellas ellos mismos, como es el caso de Leonardo DiCaprio y de Sting.
Los especialistas nos dicen que las lagartijas se convierten en buenas mascotas porque son bastante independientes y pulcras. No obstante, no todo es color de rosa para los dueños de estas amiguitas: algunas crecen mucho más de lo esperado, y otras pierden la dulzura de carácter y se vuelven violentas.
Las extraordinarias iguanas también han subido en el hit-parade de los bichos raros. Pero como no hay rosa sin espinas, ni reptil sin sorpresas, al parecer las mujeres deben ser especialmente cuidadosas con ellas, ya que pueden atacar a las que estén menstruando porque las feromonas que se despiden durante el período tienen cierta similitud con las de las iguanas hembras.
Otro de los problemas es que no hay suficientes veterinarios especializados en estas especies en las grandes ciudades, y cuando les consultan, ellos mismos deben asesorarse con los expertos residentes de los zoológicos.
Esto ocasiona un subproducto muy negativo. Después de las primeras semanas de entusiasmo, cientos de lagartijas y demás parientes son abandonadas o, en el mejor de los casos, entregadas a albergues. Muchas de ellas ni siquiera sobreviven al viaje desde lejanos países hasta las grandes capitales. Otras mueren por el estrés que les produce la manipulación en las tiendas.