Que si la española cuando besa lo hace de verdad; que si lo lleva no se quién en la boca, fuertemente apretado; que si Bécquer hubiera dado cualquier cosa por uno de su amada; que si el primero que se dio, jamás se olvida. La letra de los boleros y los poemas está llenita de besos, y la gran mayoría de las tarjetas que se repartirán este 14 de febrero, terminarán con una carretada de ellos, de mayor o menor intensidad; pero, para hablar del beso, no hay que hacerlo de los labios para afuera, porque en este caso -como veremos- la procesión va por dentro.
Varias clases de besos
En nuestra sociedad, las mujeres se saludan entre ellas y con los hombres conocidos, de beso en la mejilla. Los grupos familiares se besan también en el cachete cuando se encuentran o se despiden.
En otras culturas es de uso aceptado un breve beso salutatorio en la boca o en las mejillas, entre hombres; y este último, así como el que se da entre personas de uno y otro sexo, puede ser por partida doble, como acostumbran los franceses y otros europeos. Algunos caballeros besan la mano de las damas, aunque se considera más elegante que sea más un gesto que se adivina, que un beso que se da.
Así, el beso puede simbolizar desde un conocimiento casual, hasta el más profundo amor maternal o filial, o una profunda amistad; pero el más celebrado, el rey de los besos es, sin duda, el beso romántico.
El beso sensual: rasgo humano
Aunque algunos otros primates, como los gorilas y los chimpancés, recurren a veces a ruidosos y mojados besuqueos, los especialistas en comportamiento animal aseguran que los suyos son más bien gestos afectuosos o tranquilizadores, pero sin contenido sensual. Por ejemplo, la antropóloga norteamericana Karen Strier sostiene que el beso de contenido erótico ocurre solamente entre los miembros de la especie del Homo sapiens.
Por su parte, para su colega británico Desmond Morris, el beso es de suma importancia en la etapa del cortejo de los humanos -los monos desnudos-, en la que el contacto boca a boca puede variar desde una gran gentileza hasta la aplicación de una fuerza violenta.
Besos carmesíes
Si hemos de creer de nuevo a Morris, en un contexto erótico los labios femeninos se colorean por una acción vasodilatadora, y se tornan más protuberantes. Es eso lo que los fabricantes de cosméticos, desde tiempos pretéritos, han querido subrayar con las pinturas de diversos tipos.
Cuando la moda busca una apariencia inocente o infantil, los lápices labiales se vuelven rosados, casi blancos. Cuando se trata de presentar una mujer "vampiresa", surgen entonces los colores rojos vivos y brillantes. Para el estilo de mujer de hoy, dueña de sí misma, los diseñadores han inventado toda una gama intermedia de tonos que van desde el café hasta el cobrizo. La gran novedad es que muchas de esas pinturas permanecerán en su lugar y no irán a parar ni a los labios de la pareja besada, ni a su camisa o pañuelo.
Transmisión de aura
Cuándo comenzamos los humanos a besarnos, es imposible de determinar. No obstante, algunos estudiosos han adelantado ciertas hipótesis. Al parecer, nuestros antepasados prehistóricos empezaron oliéndose con cierta desconfianza, pero la maniobra comenzó a volverse luego peligrosamente cercana, y dos que se olfateaban aspiraban el aliento uno del otro, creando un ambiente de contacto espiritual. Así lo explica el médico y antropólogo inglés C. M. Beadnell.
Al existir la creencia de que en el aire que se exhala hay una emanación del propio ser, y todo el proceso deriva en el beso, este comenzó a ser una especie de comunión de almas, lo cual originó el beso romántico, ese beso que -como dice aquella otra canción- puede llevarse la fuerza de la voluntad: el mismo beso de amor que no se le da a cualquiera.
Según los estadísticos que se ocupan de estas cosas, el 14 de febrero es el día del año en el que se darán más besos. No dejen pasar la oportunidad, y ¡feliz día de San Valentín!