
Sus canas revelan experiencia, su sonrisa don de gente y su verbo –fácil y amplio– sabiduría... Ese es Benjamín Gutiérrez Sáenz, pianista, director de orquesta y compositor costarricense, al que todos aquellos músicos que le conocen con sincero respeto llaman Maestro .
A propósito del homenaje que recibirá mañana, Viva platicó con el Maestro. A continuación parte de la conversación:
¿Es partidario de los homenajes como el que recibirá?
Los homenajes tradicionalmente se hicieron de manera póstuma a los compositores.
Entonces, ¿el que no sea un homenaje póstumo es importante para usted?
Emocionalmente este (homenaje) es el más importante, porque se trata de un reconocimiento que viene de los más especializados de la música. Emocionalmente este se transformará en el más conmovedor, más que el Premio Magón o los Premios Nacionales.
Hay muchos músicos en el país que están muy agradecidos con usted, ¿a qué atribuye este agradecimiento de los músicos?
Creo que por haber escrito música para grupos de cámara o instrumentos solistas, porque eso facilitó que pudieran tocar solos a nivel local e internacional. No es lo mismo componer para orquestas que música de cámara y si yo escribo, por ejemplo, para fagot y piano, sé que va a ser aprovechado por los fagotistas del país, en especial por los más jóvenes que salen a recitales y festivales internacionales.
En su labor compuso para fagot, piano, oboe, clarinete y más. ¿Tiene deudas pendientes con algún instrumento?
Tengo una deuda terrible con el chelo. Una vez Álvaro González me lo pidió y no lo complací y la razón es simple: yo preferí escribir para fagot porque tiene menos repertorio que el chelo. Ahora me gustaría hacer unas variaciones de un tema para chelo que a él (Álvaro González) le interese.
Muchas veces, cuando alguien se refiere a usted le dice Maestro , pero, ¿usted se siente verdaderamente un maestro?
Sí, porque creo que uno educa con el ejemplo. Si yo no hubiera incursionado con la ópera, como solista del piano, tal vez no hubiera disfrutado tanto de la música.
¿Cuál es su obra predilecta?
Esa es la pregunta más difícil. Uno tiene un ego que es parte de la naturaleza del ser humano, uno dice que la mejor obra es la que más se toca, pero uno quiere a todos sus hijos (obras) por igual.
¿Y la de mayor difusión?
Pavana (1961), una obra escrita para cuarteto de cuerdas, creo que por ser para esta formación que existe en todo el mundo.
“No la hice para trascender y, sin embargo, es la que continúa escuchándose mucho”.
¿Piensa en el retiro?
No se puede pensar en eso, porque la composición es una vivencia diaria y después de tanto hacerlo es imposible dejarlo.
¿Cuál es la mayor alegría que le dio la música?
Definitivamente la del próximo viernes, escuchar la Introducción y alegro .