El largo camino entre el portón de ingreso y el corazón de la finca Roblealto, en San José de la Montaña, parece ser suficiente para olvidar los problemas.
El aire puro y los árboles son el escenario ideal para crear mejores vidas. Y ese es el objetivo de la Asociación Roblealto pro bienestar del niño.
Hace 70 años, en esa finca, se inició el sueño que hoy es realidad: construir oportunidades para niños y familias que viven en riesgo social, tanto por un estado de pobreza como por ser, en la mayoría de los casos, hogares con solo un jefe de familia.
Paola González, una sonriente niña de nueve años de edad, llegó al Hogar Bíblico Roblealto hace ocho meses. Su estadía, al igual que la de los otros 79 pequeños del hogar, es momentánea. Su casa está en Barrio La Cruz, donde su madre vive y a donde pronto ella regresará.
"Los niños pasan aquí entre uno y dos años. Tanto ellos como sus madres o padres reciben terapia psicológica, ayuda social y trabajan en solucionar parte de sus problemas en ese periodo", explica Magaly Zamora, directora del hogar.
En San José de la Montaña, Roblealto atiende a 80 niños, pero son en total 650 menores los que cada año pasan por esta asociación cristiana.
¥Además de los que ingresan a la finca, el resto de los chiquitos forman parte de otro programa de la asociación: los centros infantiles. Son tres en total : Hogar del Niño Feliz, Hogar 15 de Setiembre y Hogar El Manantial, donde pequeños entre los 9 meses y los 12 años permanecen de 6:30 a. m. a 6 p. m. En los centros infantiles les dan comida, amor, atención y les inculcan valores. También brindan ayuda y terapia a los pequeños y a sus mamás o papás.
Hace 70 años
El matrimonio de Enrique y Susana Strachan, de origen escocés, es el responsable del origen de esta empresa de servicio social que ya cumple 70 años.
Los Strachan habían dedicado su vida a viajar por América y fundar iglesias para compartir el Evangelio. Sin embargo, en Costa Rica decidieron combinar esas enseñanzas con acciones.
Primero fundaron la Clínica Bíblica. Luego, al ver que la niñez costarricense necesitaba ayuda, compraron la finca en San José de la Montaña y crearon el hogar en 1932.
Fueron ocho los niños que llegaron allí en esa fecha. Hoy, ya son miles los que han pasado por esa finca y han recibido la ayuda de Roblealto.
Cada 1° de mayo, los egresados del Hogar Bíblico se reunen en ese sitio donde pasaron algún tiempo de sus vidas. "Muchos llegan con sus familias, es emocionante ver cómo se han superado", cuenta Zamora.
Además del hogar, hace treinta y dos años, la asociación amplió el alcance de su ayuda con la creación de los centros infantiles.
Un contrato
Algunos se preguntarán cómo encuentra Roblealto las familias a las que ayuda. Lilliana de Valverde, directora de programas de la asociación, confiesa que más bien son las familias las que los encuentran a ellos.
"Las familias son las que vienen a pedir ayuda", explica Valverde. Estas están inmersas en una serie de problemas causados por la pobreza y otros males como el alcoholismo, la drogadicción y la violencia. "Los niños están sufriendo", sostiene Valverde.
Las personas a las que Roblealto ayuda tienen dos características fundamentales: vivir en estado de pobreza y ser, por lo general, hogares con un solo uno de los padres al frente. La mason llevadas por la mujer.
"En muchos casos los padres no saben amar a sus hijos porque ellos tampoco fueron amados. Nuestra misión es romper ese círculo vicioso", explica.
Quienes acuden a la ayuda de esta asociación deben firmar un contrato. Es un documento en el que los adultos se comprometen a asistir a grupos de ayuda, citas con psicólogos y a cumplir metas establecidas para el mejoramiento de la familia.
"La idea es que en el caso de los niños que van al albergue, cuando se reunifique la familia la situación del hogar haya mejorado", explica Magaly Zamora. Lo mismo sucede con los centros infantiles: se les da el apoyo para que mejoren su condición, para que puedan tener un trabajo fijo, mejorar su educación, y que al final la vida de los niños mejore también, según dice Valverde.
Por ello, cuando llega una familia, la atención se da por dos partes, tanto a los niños como a sus padres.
"Inculcamos amor, respeto y compartimos el amor de Dios", afirma Valverde. Y agrega: "Lo más valioso que se le puede dar a un niño es su derecho a crecer en una familia que lo ame y lo proteja".
La reunificación
La meta de Roblealto es brindar a los niños un mejor hogar. Por ello la base de programa es lograr la reunificación del núcleo familiar en el caso de los niños que asisten al Hogar Bíblico y una mejor vida para los que van a los centros infantiles.
"Al sanar una generación, se sanan las demás. No tenemos casos de hijos de egresados que necesiten nuestra ayuda, la familia logra salir adelante", explica Lilliana de Valverde.
En fin, esa es la meta. Y, a lo largo de siete décadas, la gente de Roblealto ha logrado tocar las vidas de miles de familias costarricenses. Familias como la de Paola González, que con suerte y esfuerzo se convertirá en una adulta productiva de la sociedad costarricense.