Madrid. José Sacristán y Paloma San Basilio estrenaron, en el Teatro Coliseum de Madrid, el musical My fair lady , una costosa y muy cuidada producción a la altura de las versiones representadas en Londres o Nueva York.
San Basilio será Elisa Doolittle, la joven florista del Covent Garden londinense y victoriano que decide ponerse en manos del profesor Henry Higgins (José Sacristán) con el propósito de que la convierta en una lady .
El irlandés George Bernard Shaw alcanzó su mayor éxito en teatro con Pigmalión , obra que Gabriel Pascal adaptó al cine en 1939 y que Alan Jay Lerner, en 1956, trasladó al musical.
Los primeros protagonistas de la obra fueron Julie Andrews y Rex Harrison, quienes, desde el Broadway de Nueva York, dieron paso así a la carrera interminable de uno de los títulos más populares y taquilleros de todos los tiempos.
A ello contribuyó la magistral versión cinematográfica que George Cukor rodó en los años sesenta, protagonizada por Audrey Hepburn y Rex Harrison, película que en 1964 obtuvo seis Oscar de Hollywood.
Una aventura en grande
Paloma San Basilio no tiene miedo a las comparaciones. "En esta profesión, nadie garantiza nada", dice, y habla con entusiasmo de esta "aventura".
La cantante está entusiasmada con su personaje, "una mujer llena de sueños, que lucha por sus derechos, por ser ella misma. Es un personaje con el que cualquier mujer se siente identificada y con el que sueña cualquier actriz".
José Sacristán comenzó en un escenario hace 42 años, cantando zarzuela. Ahora siente una "inmensa satisfacción" por protagonizar este musical y estar de nuevo junto a Paloma San Basilio, tras el éxito consechado por ambos, hace cuatro años, con El hombre de la Mancha .
La atmósfera de la película My fair lady (Mi bella dama) es la que Jaime Azpilicueta, director del espectáculo, ha intentado recrear sobre el escenario.
La producción cuesta $4 millones, cuenta con un elenco de 45 cantantes, actores y bailarines, y una orquesta de veinte músicos, dirigidos por Alberto Quintero y Jorge Villaescusa, para interpretar la partitura del vienés Frederick Loewe.