Premiere. The New York Times Syndicate.
En aquellos años, a cierto tramo con muchas curvas de Mulholland Drive en Beverly Hills lo apodaban Bad Boy Drive (la calle del chico malo) por las tres estrellas que vivían una junto a la otra cuando estaban en su momento cumbre. Ya no queda ni uno solo de los chicos malos ahora, por una razón u otra: Warren Beatty se casó en 1992, Marlon Brando murió en el 2004 y Jack Nicholson está en alguna otra parte haciendo una película.
Conduciendo un viejo Mercedes negro, Beatty disminuye la velocidad y señala el lugar donde vivió Brando durante medio siglo, en una propiedad que compró Nicholson. “Me divertía muchísimo con Marlon”, dice.
Por lo general, se considera que Brando y Nicholson fueron los mejores actores estadounidenses de su época, pero Beatty no se queda atrás. Es la única persona que ha sido nominada para premios de la Academia en cuatro categorías por una sola película –actor, director, guionista y productor– y logró ese golpe maestro no sólo una vez, sino dos, con Heaven Can Wait (1978) y la épica película Reds (1981), por la que ganó como mejor director.
Reds. El 4 de diciembre pasado marcó el aniversario 25 del estreno de Reds , la obra maestra de Beatty, de tres horas y 15 minutos de duración, que captura la vida romántica y los tiempos políticos del periodista John Reed. Beatty, un demócrata liberal de toda la vida, encontró irresistible el tema : dedicado activista socialista –cuya crónica Diez días que estremecieron al mundo (1919) documenta la revolución rusa– Reed murió a los 32 años y es el único estadounidense enterrado en el Kremlin.
La intención original era que John Lithgow interpretara el papel, pero al final Beatty decidió hacerlo, e incluyó a su novia Diane Keaton como la escritora Louise Bryant, la gran amante apasionada y camarada de armas de Reed.
Reds es una película política y romántica por partes iguales, pero Beatty no diferencia entre las dos.
“Soy parte de una generación que no separaba, y no lo hace, el sexo de la política, y en consecuencia no separa el sexo y la política del arte”, dice. “Siempre hay esa atracción entre arte y política, donde la política es el arte de lo posible y el arte, aquello que implica ninguna concesión. Sin embargo, la política es concesión, es el arte de ceder para llegar a un acuerdo. Esa es la atracción que tiene John Reed”.
A los 69 años, sus facciones son más suaves ahora. Cuando Beatty ríe, lo que sucede con frecuencia, aparecen líneas como rayos en los extremos de sus ojos gris verde.
Hiperalerta, tiene una energía contagiosa que se puede atribuir a la genética y a una variedad de disciplinas. Nunca ha fumado, pocas veces toma bebidas alcohólicas, bebe tragos grandes de una mezcla de té verde y jugo de granada, y, aunque es noctámbulo por naturaleza, duerme bien.
Su belleza física, sus talentos e intereses inherentes forman parte de la bolsa de dones genéticos que Beatty se llevó al salir de un hospital en Richmond, Virginia, en 1937. Su padre, un violinista, era director de escuela y tenía un doctorado en psicología educativa y filosofía. Su madre daba clases de inglés, de locución y teatro. Su madre fue decana de las mujeres en la Universidad Acadia en Nueva Escocia, y el abuelo de Beatty fue un cirujano.
¿El éxito de su hermana Shirley MacLaine influyó en su decisión de salir de la universidad y entrar a la actuación?
Creo que lo hizo más viable.
¿Está en Hollywood desde... ?
¿Tiempos inmemoriales? Tenía 20 años. Cuando llegué tenía contrato con MGM y ganaba la espléndida cantidad de $400 a la semana.
¿Cuál fue la reacción del consejo de clasificación ante la violencia deBonnie & Clyde?
En aquel entonces (1967), se tenía que convivir con lo que se llamaba la Legión de la Decencia, que en esencia se trataba de la Iglesia Católica. ¿Cómo se llamaba? El padre Sullivan. Teníamos que pasar la película 15 veces de atrás para adelante para ver si había la posibilidad de ver los pechos de Faye Dunaway cuando bajaba corriendo las escaleras.
Pero no hubo problemas con la violencia. ¿Interesante, no?
En 1968 usted hizo campaña electoral en favor de su amigo Robert F. Kennedy. ¿Cuándo fue la última vez que lo vio?
El día antes de su asesinato lo vi en la playa, en la casa del director John Frankenheimer.
¿Que le dieran un balazo a él lo impulsó a usted a ser más activo en la política?
Sí, pero fue todo el grupo, toda el aura que rodeaba ese gobierno. Y un montón de gente alrededor del gobierno de Lyndon Johnson. No le damos a Johnson el crédito que deberíamos debido al terrible error en Vietnam. Hemos desacreditado todos sus grandes logros.
El tiempo que lo conocí, tuve la impresión de que Bobby Kennedy tuvo el desarrollo más impresionante de cualquiera que hubiese conocido. Pienso que Bobby habría sido un gran presidente. Tenía sus fallas y las corrigió. Era muy sencillo, tenía un gran sentido del humor. Tenía una pasión real, un sentido verdadero de una misión y no le temía a las palabras.
¿Alguna vez va a competir por un cargo político?
Pienso en los cargos públicos en la misma forma que en el servicio militar. No digo que no lo haría, pero ciertamente no lo quiero hacer.
El gran amante. ¿A qué edad perdió la virginidad?
Tenía 19 años y 10 meses, aunque prácticamente era en lo único que pensaba desde los 11.
¿Por qué tardó tanto?
Principios. De adolescente, era una especie de bautista sureño que se auto-imponía orden. Mis padres para nada me empujaron en esa dirección. Pero eso es todo lo que tengo que decir sobre el tema, en particular hoy en día que se vende mucho la religión.
¿Y cómo ha cambiado desde que se casó con Annette Bening?
Trato de no salir de la casa. En realidad sí lo hago, pero no voy a los mismos lugares. (Ríe) He cambiado mi forma de vivir. Y conforme pasa el tiempo y trato de ser un buen padre, pienso en qué buenos padres tuve. La agonía que debieron haber pasado, por mi búsqueda impetuosa en el mundo exterior.
Como que no me di cuenta cómo el pensar en tus hijos hace que te quedes sentado, derechito, en la cama, a medianoche. Y ese es el poder de ese amor. Eso es grande.